sábado, 21 de mayo de 2016

Los exploradores se van cuando deben irse



Los últimos caballeros están siendo llamados, por eso aquí abajo necesitamos que nuevos guerreros ocupen su lugar.

El Safari de la vida se esta llenando con personajes de marca blanca y nombre en inglés. No nos queda banquillo en el panorama de los exploradores de horizontes.

Necesitamos héroes, se nos están acabando. Nuestros jóvenes pierden los referentes honorables y llenan el vacío politizando su vida y radicalizándose.

Algunos crecimos viendo a Félix Rodríguez de la Fuente, a Miguel de la Quadra Salcedo, a Jesús Hermida... Y queríamos ser como ellos.

Con la corbata arrugada en el bolsillo de la sahariana, con la pipa manchando la mochila de cuero de Toledo.

Los duques de la comunicación eran honorables, valientes, y a la vez elegantes. Leales, educados, capaces de espantar a tres dromedarios para peinarse en su alberca tras cruzar el desierto antes de entrar a ver al Embajador, otra casta.

Ahora es el tiempo de los viajeros de Decathlón, colorines de fibras artificiales, superioridad moral y criptoracismo. Fotos de gente multicolor que no concuerdan con el paisaje, corazones de Gore-Tex y bajo coste.

Van con servilismo intelectual, una forma de racismo oculto, que es ver a los extranjeros como si fueran especies animales protegidas. Visitan tribus como si fueran zoológicos, desde la distancia moral. ¡Qué  majetes son estos indígenas tan monos!. No se pueden apreciar otras culturas sin hacerlo antes con la propia. El viajero acomplejado pasa del todo me gusta al llévame a casa que aquí huele mal sin entender nada.

Me quedé en el algodón, el cuero y el lino. No me bajaré del sombrero panamá y el cuaderno Moleskyne, prefiero a Hemmingway y a Conrad, a Riefhenstal y Blixen.

Don Miguel De la Quadra se ha ido a su expedición más larga, ahora podrá entrevistar por fin a sus abmirados Orellana, Cortés o Coronado.

Nos espera allí, en el Olympo de los héroes de brazo fuerte y mirada de niño, tomándose un té moruno con Félix y Giménez del Oso.

No le echaré de menos, señor, porque para mí ya era usted una divinidad en vida. Cómo Hércules, su naturaleza era de semidiós, por tanto,ha vuelto usted a casa.

Solo siento no haberlo conocido en persona, pero confío en que me guarde un camello en su caravana cuando nos encontremos donde los seguros de viaje no cubren retornos.

No le deseo que descanse en paz, porque seguramente ya está usted organizando una expedición al infierno para ver si lo que dicen es cierto y contárnoslo.

Don Miguel, donde estuvo usted ya no crecerá la hierba; ese es el destino de los colosos. Ahora nos toca buscar a alguien que le llegue al talón, si, al de Aquiles, para que nuestros niños sigan teniendo héroes positivos, más allá de la fama, el dinero y los placeres obvios.

Nos vemos en la Cruz del Sur, si lo merezco alguna vez.


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