Reflexionar sobre el tiempo me remite siempre al carpe diem. Me insta a vivir con intensidad y a trabajar con entusiasmo. A saborear la vida. En el libro “Historias que hacen bien”, de Daniel Colombo, leo esta interesante historia.
Cuentan que, en la antigüedad, había un sabio que, por sus conocimientos y por su fama, irritaba al rey. El monarca decidió conocerlo. Cuando lo vio, lo primero que le preguntó fue la edad por aquella creencia de que la sabiduría se logra con los años.
- ¿Cuántos años tienes?
El sabio respondió.
- No lo sé.
La respuesta enfureció al rey, porque interpretó que el sabio estaba riéndose de él. Y le gritó:
- ¿Cómo te atreves a decirme que no sabes cuántos años tienes? ¿Te estás burlando de mí?
El sabio respondió serenamente:
- No, señor. Ocurre que, a mi entender, los años que tengo son los que me faltan por vivir y no los que he vivido; los que viví pasaron, ya no los tengo; los que viviré son una incógnita. Por lo tanto no sé a ciencia circa cuántos años tengo.
El sabio respondió.
- No lo sé.
La respuesta enfureció al rey, porque interpretó que el sabio estaba riéndose de él. Y le gritó:
- ¿Cómo te atreves a decirme que no sabes cuántos años tienes? ¿Te estás burlando de mí?
El sabio respondió serenamente:
- No, señor. Ocurre que, a mi entender, los años que tengo son los que me faltan por vivir y no los que he vivido; los que viví pasaron, ya no los tengo; los que viviré son una incógnita. Por lo tanto no sé a ciencia circa cuántos años tengo.
Esa incertidumbre sobre el futuro nos amarra bien fuerte al presente. Al “ahora” que tenemos. A las cosas que debemos hacer con perfección. Hablo del trabajo. Y hablo también de diversión. Saber disfrutar (del trabajo y del ocio) es un arte y una ciencia que no se dominan fácilmente.
El vértigo del tiempo nos puede llevar a la desesperación por su inasibilidad o a la intensidad en la vivencia del momento presente, Porque, en realidad, solo hay ahora en la vida. El pasado ya se fue dejando su estela de vivencias y el futuro aún no ha llegado. ¿Por qué desperdiciar el tiempo lamentado el que ha pasado y suspirando por el que ha de venir? El vértigo del tiempo nos debe conducir al carpe diem.
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