Yo no soy perfecto.
Soy imperfecto en el amor; porque sólo amo a los que me gustan, cuando debería amar a todos.
Soy imperfecto en mis razonamientos, porque sólo entiendo lo que me conviene, y a veces pienso que la razón me pertenece.
Soy imperfecto en la comunicación; porque creo que sólo lo mío es importante, cuando hay tanto que escuchar.
Soy imperfecto en mi manera de ver; porque sólo le presto atención a lo que para mí es bello, aún sabiendo que todo tiene su lado hermoso.
Soy imperfecto en mi manera de creer; porque creo lo que me interesa, y no sé esperar confiadamente.
Soy imperfecto en mi madurez; porque me aferro sólo a lo que tengo y conozco, aún sabiendo que desprendiéndome de esas cosas, será más fácil caminar hacia la grandeza.
Conozco, y asumo mis imperfecciones. Sé que habrá personas a las que no convenza, debido a mis imperfecciones, también sé que no me creo el ombligo del mundo, todo lo contrario, sólo soy una partícula minúscula e intrascendente, que forma parte de él con todas sus imperfecciones y pocas o nulas virtudes
A los que pueda erroneamente parecerles que me las doy de perfecto, y centro del universo, he de decirles que están en un error.Së perfectamente lo que soy y mis defectos importantes.
Si hubiere alguien que tal cosa pensare, he de decirles que los comprendo, mi torpeza no ha hecho posible su comprensión, lo lamento profundamente, y he de decirles
No me catalogues, no soy un objeto.
No me etiquetes, no soy mercadería.
No me juzgues, no soy tu acusado.
No me acuses, no eres mi fiscal.
No me condenes, no eres mi juez.
No me enmarques, no soy un espejo ni un cuadro.
No me definas, soy un misterio.
No me minimices, soy más complejo de lo que crees.
No me divulgues, no soy un producto o una cosa.
No me vulgarices, soy alguien muy especial.
No me apuntes, no soy un blanco de tiro.
No me idolatres, no soy un ídolo.
No me calumnies, tengo el derecho a la verdad.
No me difames, tengo el derecho de ser quien soy.
No me encierres en esquemas, soy más libre de lo que te imaginas.
No creas demasiado en mí, soy falible.
No dudes siempre de mí, soy más verdad que error.
Recuerda siempre que:
Soy una persona como tú.
Soy humano como tú.
Soy limitado como tú.
Soy hijo de Dios como lo eres tú.:
lunes, 29 de mayo de 2017
domingo, 21 de mayo de 2017
PIRATAS INGLESES Y DEL CARIBE
RAZONES PARA NO FINANCIAR a PIRATAS DEL CARIBE o Papá: ¿por qué somos hispanos?.
La Venganza de Salazar la podemos hacer realidad. Este viernes se estrena la enésima película de criptoracismo anglosajón contra nosotros.
Cada cual que haga lo que quiera, faltaría más, sin embargo, conviene que sepamos un par de cosas antes de someter a nuestros hijos a una dosis más de propaganda anglosajona y merma de su autoestima como miembros de la mayor cultura del mundo junto a la china: la hispana.
En principio podemos pensar que da igual, que se trata solo de diversión, que no es tan importante. Pero es ahí precisamente donde radica el peligro, los mensajes constantes y las cookies ideológicas a las que exponemos a nuestros hijos penetran profundo porque tenemos la guardia baja y somos vulnerables.
Hace tiempo que los especialistas en comunicación audiovisual sabemos que hay dos maneras de cambiar la historia y la autoestima de los pueblos: la épica y el humor.
Son caballos de Troya peligrosísimos, sobre todo para las mentes infantiles por formar.
Vaya por delante que no he visto la película, pero solo con el trailer ya se comprueba que es lo de siempre: españoles feos vestidos de negro, malencarados con apellidos hispanos frente a tipos maravillosos como Johnny Depp.
Solo en los nombres está el racismo oculto que ha creado a tipos como Trump. Miren, los desagradables se llaman Fernando, Juan o Manuel, mientras los guay y chéveres responden por Jack, John o Christopher.
Pero eso no es nada. Es que los maestros de la propaganda anglosajona han conseguido darle la vuelta a la historia del mundo de tal manera, que ellos siempre son los "cool". Las mayores barbaridades las perpetraron ellos, pero con diez películas limpian diez siglos.
Lo hicieron con el Salvaje Oeste (Far West), convirtiendo a millones de niños en los años 60 en admiradores de exterminadores de indígenas disfrazados del Séptimo de caballería o de ranchero racista. Nadie quería ser indio entonces.
También con los sobrevalorados vikingos, que no les llegan a talón a los Fenicios, que encima eran los que llevaban el casco con cuernos de verdad. Pero los anglos se consideran herederos de los vikingos, y los fenicios son mediterráneos y españoles.
Lo volvieron a hacer con la II Guerra Mundial, con la Guerra Fría, a costa de los alemanes y los rusos, malos malísimos en cientos de producciones que nos marcaron.
Pero el colmo de los colmos es que hayan conseguido que los niños hispanos (no solo españoles, sino de América también), se disfracen de asesinos, delincuentes, violadores y genocidas que asolaron las ciudades de sus tatarabuelos, que admiren a los PIRATAS.
Miren, no hay diferencia alguna entre un niño disfrazado de pirata y el mismo niño ataviado de la SS. Si me apuran, es peor lo primero. En cifras, crueldad y ámbito geográfico, los piratas británicos, holandeses y franceses asesinaron y torturaron a mucha más gente inocente, mujeres, niños, ancianos y en muchas más ciudades que los nazis. ¿Se imaginan a la comunidad judía de Nueva York, por ejemplo, acudiendo al cine a ver una película en la que los nazis fueran los buenos?, ¡jamás!, ellos se defienden; hagamos lo mismo en tres continentes, somos millones.
No dan puntada sin hilo. Para robarnos nuestra autoestima histórica y nuestra identidad, eligen, además, a un actor español.
Cuando vea la película, por supuesto sin dejar un euro en ello, les comentaré con detalle.
Somos guionistas, no se nos escapan los guiños y los giros, las frases y los chascarrillos anti hispanos, anti católicos y de burla constante a nuestra cultura.
¡Qué gracioso Jack Sparrow!. Jaime Gorrión, que sería su traducción, no molaría tanto.
Son muchas ya las generaciones de hispanos que nos hemos criado intoxicados por Hollywood y BBC. Algunos nos hemos curado gracias a la lectura de historia de verdad, pero la gran mayoría no se recuperan nunca.
Por eso, nuestros jóvenes crean empresas con nombres en inglés, por eso todo son "fashion, festivals, beaches" y "wildl wolves"... ¡lo nuestro no les suena bien, nos han vencido amigos!.
¿Recuerdan el famoso anuncio en el que un niño le preguntaba a su padre: "Papá, ¿por qué somos del Atlético de Madrid?", pues bien, prepárense para que sus hijos le digan:
¿"Daddy, por qué somos españoles?".
La Venganza de Salazar la podemos hacer realidad. Este viernes se estrena la enésima película de criptoracismo anglosajón contra nosotros.
Cada cual que haga lo que quiera, faltaría más, sin embargo, conviene que sepamos un par de cosas antes de someter a nuestros hijos a una dosis más de propaganda anglosajona y merma de su autoestima como miembros de la mayor cultura del mundo junto a la china: la hispana.
En principio podemos pensar que da igual, que se trata solo de diversión, que no es tan importante. Pero es ahí precisamente donde radica el peligro, los mensajes constantes y las cookies ideológicas a las que exponemos a nuestros hijos penetran profundo porque tenemos la guardia baja y somos vulnerables.
Hace tiempo que los especialistas en comunicación audiovisual sabemos que hay dos maneras de cambiar la historia y la autoestima de los pueblos: la épica y el humor.
Son caballos de Troya peligrosísimos, sobre todo para las mentes infantiles por formar.
Vaya por delante que no he visto la película, pero solo con el trailer ya se comprueba que es lo de siempre: españoles feos vestidos de negro, malencarados con apellidos hispanos frente a tipos maravillosos como Johnny Depp.
Solo en los nombres está el racismo oculto que ha creado a tipos como Trump. Miren, los desagradables se llaman Fernando, Juan o Manuel, mientras los guay y chéveres responden por Jack, John o Christopher.
Pero eso no es nada. Es que los maestros de la propaganda anglosajona han conseguido darle la vuelta a la historia del mundo de tal manera, que ellos siempre son los "cool". Las mayores barbaridades las perpetraron ellos, pero con diez películas limpian diez siglos.
Lo hicieron con el Salvaje Oeste (Far West), convirtiendo a millones de niños en los años 60 en admiradores de exterminadores de indígenas disfrazados del Séptimo de caballería o de ranchero racista. Nadie quería ser indio entonces.
También con los sobrevalorados vikingos, que no les llegan a talón a los Fenicios, que encima eran los que llevaban el casco con cuernos de verdad. Pero los anglos se consideran herederos de los vikingos, y los fenicios son mediterráneos y españoles.
Lo volvieron a hacer con la II Guerra Mundial, con la Guerra Fría, a costa de los alemanes y los rusos, malos malísimos en cientos de producciones que nos marcaron.
Pero el colmo de los colmos es que hayan conseguido que los niños hispanos (no solo españoles, sino de América también), se disfracen de asesinos, delincuentes, violadores y genocidas que asolaron las ciudades de sus tatarabuelos, que admiren a los PIRATAS.
Miren, no hay diferencia alguna entre un niño disfrazado de pirata y el mismo niño ataviado de la SS. Si me apuran, es peor lo primero. En cifras, crueldad y ámbito geográfico, los piratas británicos, holandeses y franceses asesinaron y torturaron a mucha más gente inocente, mujeres, niños, ancianos y en muchas más ciudades que los nazis. ¿Se imaginan a la comunidad judía de Nueva York, por ejemplo, acudiendo al cine a ver una película en la que los nazis fueran los buenos?, ¡jamás!, ellos se defienden; hagamos lo mismo en tres continentes, somos millones.
No dan puntada sin hilo. Para robarnos nuestra autoestima histórica y nuestra identidad, eligen, además, a un actor español.
Cuando vea la película, por supuesto sin dejar un euro en ello, les comentaré con detalle.
Somos guionistas, no se nos escapan los guiños y los giros, las frases y los chascarrillos anti hispanos, anti católicos y de burla constante a nuestra cultura.
¡Qué gracioso Jack Sparrow!. Jaime Gorrión, que sería su traducción, no molaría tanto.
Son muchas ya las generaciones de hispanos que nos hemos criado intoxicados por Hollywood y BBC. Algunos nos hemos curado gracias a la lectura de historia de verdad, pero la gran mayoría no se recuperan nunca.
Por eso, nuestros jóvenes crean empresas con nombres en inglés, por eso todo son "fashion, festivals, beaches" y "wildl wolves"... ¡lo nuestro no les suena bien, nos han vencido amigos!.
¿Recuerdan el famoso anuncio en el que un niño le preguntaba a su padre: "Papá, ¿por qué somos del Atlético de Madrid?", pues bien, prepárense para que sus hijos le digan:
¿"Daddy, por qué somos españoles?".
domingo, 14 de mayo de 2017
ODIO AL GUAPO
ODIO AL GUAPO.
A menudo nuestro juicio hacia artistas y famosos en general, se ve determinado por condicionamientos subconscientes que conviene desenmascarar.
Uno de los más frecuentes es el prejuicio contra los guapos.
Nuestros propios complejos salen a relucir cuando ponderamos con mayor generosidad a todos aquellos que son del montón físico en el que nos consideramos inmersos, o de él para abajo.
Es una actitud de criptoenvidia que, al ser compartida por tanta gente, queda impune.
En realidad muchas personas tienen unos celos descomunales hacia los semejantes enormemente bellos, y trata como de compensar la suerte que estos tuvieron en la lotería de la simetría física, penalizando a los guapos en otros aspectos de la vida.
El extra perfecto es juzgado severamente durante toda su existencia por celos, y es obligado a demostrar permanentemente que no es tonto, que es culto, que tiene metas...
Ejemplos tenemos muchos; con los actores, por ejemplo, se ve nítidamente. Los Al Pacino, Dustin Hoffman o Robert De Niro, fueron sobrevalorados siempre precisamente por tener rostros normalitos tirando a poco agraciados. Por contra, un Brad Pit, a menudo sublime, o un Michael Fassbender, o hacen un papel de enfermo o deformado, o no se comen un colín con los críticos.
Nos cuesta aplaudir a Apolos y Afroditas, es como si merecieran un castigo por su suerte.
Lo mismo pasa con los deportistas, la gente tiende a pensar que Messi es mejor persona que Cristiano Ronaldo, porque a este último no se le perdona ser guapo. Hay un profundo desprecio en esta forma de pensar, algo oscuro que el propio Messi detecta. En el fondo lo daría todo por ser como Cristiano físicamente.
Lionel sale de un juzgado acusado de fraude fiscal, y es aplaudido. Mientras, al apolíneo Cristiano no se le perdona el mínimo gesto. Es como si la gente pensara: "Encima de lo guapo que eres, no se te ocurra cometer ningún error". ¿Y el otro?, ¡Qué mas da, mira su carita!. Somos malos, muy malos.
En mujeres el asunto incluso se acentúa. La amiga megaguapa es un enemigo a batir desde el colegio. Genera a su alrededor, sin quererlo, unas dinámicas que incomodan a todo el mundo. No hablo de gente guapetona, que somos todos, hablo de esas personas realmente espectaculares.
Verse rodeadas de tal revuelo las marca; gestionar emocionalmente las sinergia que provocan es lo peor de su propia maldición.
He conocido casos increíbles que sufrían mucho. Chicas que, deliberadamente, trataban de afearse, de vestir gris, para que las dejen en paz, para que alguien vea más allá de su hermosa faz; ansiando gustar por su persona, su alma, su carácter.
Hartas de que todo el mundo se enamore perdidamente de ellas, sus amigos, sus compañeros, los padres de sus amigos, todos... no consiguen encontrar amistad sincera. Siempre, detrás, está lo mismo. Una pesadilla.
Por eso los feítos simpáticos caen bien a todo el mundo, y por eso también pueden ser peligrosísimos cuando se dan cuenta de ello. Las peores personas que conozco son así.
El odio al guapo es como todas las fobias, se ampara en el número. Son menos, igual que los genios. La masa humana social aborrece y penaliza a los privilegiados por la naturaleza, por eso, consciente o inconscientemente, les desea el mal.
Es el motivo del éxito de las revistas y los programas de TV del llamado Corazón. Ver las desgracias de los guapos nos produce un gozo profundo, nos consuela, nos colma de un sentimiento de venganza y justicia poética perverso.
Por eso la gente se extraña cuando les digo que no quiero que mis hijos sean mega guapos, me basta con guapetones, su vida será mejor.
A
A menudo nuestro juicio hacia artistas y famosos en general, se ve determinado por condicionamientos subconscientes que conviene desenmascarar.
Uno de los más frecuentes es el prejuicio contra los guapos.
Nuestros propios complejos salen a relucir cuando ponderamos con mayor generosidad a todos aquellos que son del montón físico en el que nos consideramos inmersos, o de él para abajo.
Es una actitud de criptoenvidia que, al ser compartida por tanta gente, queda impune.
En realidad muchas personas tienen unos celos descomunales hacia los semejantes enormemente bellos, y trata como de compensar la suerte que estos tuvieron en la lotería de la simetría física, penalizando a los guapos en otros aspectos de la vida.
El extra perfecto es juzgado severamente durante toda su existencia por celos, y es obligado a demostrar permanentemente que no es tonto, que es culto, que tiene metas...
Ejemplos tenemos muchos; con los actores, por ejemplo, se ve nítidamente. Los Al Pacino, Dustin Hoffman o Robert De Niro, fueron sobrevalorados siempre precisamente por tener rostros normalitos tirando a poco agraciados. Por contra, un Brad Pit, a menudo sublime, o un Michael Fassbender, o hacen un papel de enfermo o deformado, o no se comen un colín con los críticos.
Nos cuesta aplaudir a Apolos y Afroditas, es como si merecieran un castigo por su suerte.
Lo mismo pasa con los deportistas, la gente tiende a pensar que Messi es mejor persona que Cristiano Ronaldo, porque a este último no se le perdona ser guapo. Hay un profundo desprecio en esta forma de pensar, algo oscuro que el propio Messi detecta. En el fondo lo daría todo por ser como Cristiano físicamente.
Lionel sale de un juzgado acusado de fraude fiscal, y es aplaudido. Mientras, al apolíneo Cristiano no se le perdona el mínimo gesto. Es como si la gente pensara: "Encima de lo guapo que eres, no se te ocurra cometer ningún error". ¿Y el otro?, ¡Qué mas da, mira su carita!. Somos malos, muy malos.
En mujeres el asunto incluso se acentúa. La amiga megaguapa es un enemigo a batir desde el colegio. Genera a su alrededor, sin quererlo, unas dinámicas que incomodan a todo el mundo. No hablo de gente guapetona, que somos todos, hablo de esas personas realmente espectaculares.
Verse rodeadas de tal revuelo las marca; gestionar emocionalmente las sinergia que provocan es lo peor de su propia maldición.
He conocido casos increíbles que sufrían mucho. Chicas que, deliberadamente, trataban de afearse, de vestir gris, para que las dejen en paz, para que alguien vea más allá de su hermosa faz; ansiando gustar por su persona, su alma, su carácter.
Hartas de que todo el mundo se enamore perdidamente de ellas, sus amigos, sus compañeros, los padres de sus amigos, todos... no consiguen encontrar amistad sincera. Siempre, detrás, está lo mismo. Una pesadilla.
Por eso los feítos simpáticos caen bien a todo el mundo, y por eso también pueden ser peligrosísimos cuando se dan cuenta de ello. Las peores personas que conozco son así.
El odio al guapo es como todas las fobias, se ampara en el número. Son menos, igual que los genios. La masa humana social aborrece y penaliza a los privilegiados por la naturaleza, por eso, consciente o inconscientemente, les desea el mal.
Es el motivo del éxito de las revistas y los programas de TV del llamado Corazón. Ver las desgracias de los guapos nos produce un gozo profundo, nos consuela, nos colma de un sentimiento de venganza y justicia poética perverso.
Por eso la gente se extraña cuando les digo que no quiero que mis hijos sean mega guapos, me basta con guapetones, su vida será mejor.
A
lunes, 8 de mayo de 2017
AY MI ESPAÑA
AY; MI ESPAÑA
Siempre he considerado fundamental entender cuál es el objetivo de nacionalistas vascos y catalanes, porque su ilegitimidad no solo viene de las herramientas que han empleado tradicionalmente, la mentira y el terrorismo (normalización lingüística, ETA, Terra Lliure, etc.), sino que éstas son el fruto de unos objetivos irracionales e ilegítimos, y por falta de razón han tenido que emplear el miedo para su imposición.
No hay que perder de vista los objetivos, ya que cuando estos son ilegítimos y nocivos la sociedad tiene toda la legitimidad para defenderse del mal que le acecha. La ausencia de terrorismo no legitima objetivo alguno, es más, me atrevo a decir que hay determinados objetivos que de por sí generan violencia, mentira e injusticia.
El objetivo que persigue el nacionalismo en sus diferentes manifestaciones (PNV, CiU, PSC, PSE, ETA-Sortu-Amaiur, etc.) es la ruptura de España, la secesión de Cataluña y de la Comunidad Autónoma Vasca. Intenta justificar esa ruptura con una historia que nunca sucedió, y con unos supuestos beneficios económicos que no resisten el más mínimo análisis. Es cierto que cada uno ha empleado herramientas diferentes, pero hoy estamos al borde de la secesión por la acción de todos ellos: cada uno ha desempeñado y desempeña su papel.
Ni Vascongadas ni Cataluña han sido jamás naciones, sus pueblos estuvieron integrados plenamente en los reinos de Castilla y Aragón, respectivamente, reinos que se formaron para reconquistar la España perdida, empresa en la que tanto vascos como catalanes destacaron por su ímpetu y empeño. No hay hechos históricos que avalen las pretensiones nacionalistas, salvo su voluntad de ser nación, que comenzó tímidamente a manifestarse a finales del siglo XIX.
Pero tampoco tienen argumentos de carácter material. Animo a que se lean los excepcionales trabajos de Convivencia Cívica Catalana (CCC) "Las trampas de la balanza fiscal de Cataluña" y "Las cuentas claras de Cataluña". La última balanza analizada (a 2009) fue positiva para Cataluña en 4.015 millones de euros; es decir, que había recibido más de lo que había pagado. Sin embargo, se ha impuesto la mentira, mil veces repetida por el nacionalismo catalán, y parece que efectivamente Cataluña es víctima, cuando se beneficia enormemente de ser España.
Pero es que, además, Cataluña disfruta de un superávit comercial con el resto de España de cerca de 22.000 millones de euros anuales, por lo que, en el caso de independencia, como se señala en "Las cuentas claras (...)", el PIB catalán podría caer, siendo conservadores, un 20% debido al efecto frontera –que en otros casos ha supuesto una disminución del 66% del comercio interior–. No se ha podido cuantificar el efecto que tendrían la salida de Cataluña de la UE y la salida de multinacionales de Cataluña.
Todo esto nos lleva a comprobar que no hay justificación histórica ni económica para las pretensiones nacionalistas; sólo hay un acto de voluntad mesiánica que, al carecer de razones, necesita del miedo para imponer el mito nacionalista.
Pero más sorprende descubrir que, incompresiblemente, los dif diferentes Gobiernos españoles no han hecho el más mínimo esfuerzo por aportar los datos reales y desenmascarar la mentira nacionalista.
No deja de sorprenderme que, mientras asociaciones civiles realizan estudios con gran esfuerzo, como CCC, el Gobierno español no ha hecho ni hace el más mínimo esfuerzo por desentrañar la mentira y denunciar con números que la secesión traería un empobrecimiento enorme a la población vasca, a la catalana y al resto de la sociedad española. Por el contrario, hemos ido financiando a aquellos que buscan nuestra ruina. Incomprensible.
Siempre he considerado fundamental entender cuál es el objetivo de nacionalistas vascos y catalanes, porque su ilegitimidad no solo viene de las herramientas que han empleado tradicionalmente, la mentira y el terrorismo (normalización lingüística, ETA, Terra Lliure, etc.), sino que éstas son el fruto de unos objetivos irracionales e ilegítimos, y por falta de razón han tenido que emplear el miedo para su imposición.
No hay que perder de vista los objetivos, ya que cuando estos son ilegítimos y nocivos la sociedad tiene toda la legitimidad para defenderse del mal que le acecha. La ausencia de terrorismo no legitima objetivo alguno, es más, me atrevo a decir que hay determinados objetivos que de por sí generan violencia, mentira e injusticia.
El objetivo que persigue el nacionalismo en sus diferentes manifestaciones (PNV, CiU, PSC, PSE, ETA-Sortu-Amaiur, etc.) es la ruptura de España, la secesión de Cataluña y de la Comunidad Autónoma Vasca. Intenta justificar esa ruptura con una historia que nunca sucedió, y con unos supuestos beneficios económicos que no resisten el más mínimo análisis. Es cierto que cada uno ha empleado herramientas diferentes, pero hoy estamos al borde de la secesión por la acción de todos ellos: cada uno ha desempeñado y desempeña su papel.
Ni Vascongadas ni Cataluña han sido jamás naciones, sus pueblos estuvieron integrados plenamente en los reinos de Castilla y Aragón, respectivamente, reinos que se formaron para reconquistar la España perdida, empresa en la que tanto vascos como catalanes destacaron por su ímpetu y empeño. No hay hechos históricos que avalen las pretensiones nacionalistas, salvo su voluntad de ser nación, que comenzó tímidamente a manifestarse a finales del siglo XIX.
Pero tampoco tienen argumentos de carácter material. Animo a que se lean los excepcionales trabajos de Convivencia Cívica Catalana (CCC) "Las trampas de la balanza fiscal de Cataluña" y "Las cuentas claras de Cataluña". La última balanza analizada (a 2009) fue positiva para Cataluña en 4.015 millones de euros; es decir, que había recibido más de lo que había pagado. Sin embargo, se ha impuesto la mentira, mil veces repetida por el nacionalismo catalán, y parece que efectivamente Cataluña es víctima, cuando se beneficia enormemente de ser España.
Pero es que, además, Cataluña disfruta de un superávit comercial con el resto de España de cerca de 22.000 millones de euros anuales, por lo que, en el caso de independencia, como se señala en "Las cuentas claras (...)", el PIB catalán podría caer, siendo conservadores, un 20% debido al efecto frontera –que en otros casos ha supuesto una disminución del 66% del comercio interior–. No se ha podido cuantificar el efecto que tendrían la salida de Cataluña de la UE y la salida de multinacionales de Cataluña.
Todo esto nos lleva a comprobar que no hay justificación histórica ni económica para las pretensiones nacionalistas; sólo hay un acto de voluntad mesiánica que, al carecer de razones, necesita del miedo para imponer el mito nacionalista.
Pero más sorprende descubrir que, incompresiblemente, los dif diferentes Gobiernos españoles no han hecho el más mínimo esfuerzo por aportar los datos reales y desenmascarar la mentira nacionalista.
No deja de sorprenderme que, mientras asociaciones civiles realizan estudios con gran esfuerzo, como CCC, el Gobierno español no ha hecho ni hace el más mínimo esfuerzo por desentrañar la mentira y denunciar con números que la secesión traería un empobrecimiento enorme a la población vasca, a la catalana y al resto de la sociedad española. Por el contrario, hemos ido financiando a aquellos que buscan nuestra ruina. Incomprensible.
sábado, 29 de abril de 2017
El pufo vasco y el derecho de pernada
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Usted, respetado lector, se estará preguntando: --qué tiene que ver el pufo vasco con el anacrónico derecho “Ius primae noctis” en pleno siglo XXI--; por tanto le tengo que aclarar que: --ambos anacronismos están recogidos en los absurdos medievales, que se han venido manteniendo en el tiempo, y que hoy es denominado como “el cupo” (o pufo vasco) que, teóricamente, es lo que tienen que pagar Las Vascongadas, al Estado por los servicios públicos no transferidos; Se trata de un privilegio económico gigantesco, originado en las guerras civiles del S.XIX, —
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En las negociaciones entre elGobierno del Estado y el PNV, para que los nacional separatistas, apoyen los presupuestos generales delEstado, para 2017, han propuesto a Rajoy que “la cantidad que Las Vascongadas tengan que aportar al Estado, por los servicios prestados por el propio Estado, en aquel territorio, sea (solo) de 850 millones”. Procede indicar que: --Las Vascongadas yNavarra, tienen delegadas la recaudación de los impuestos (elEstado no cobra impuestos en estos territorios) y cada año, previo acuerdo, le ingresan alEstado una cantidad pactada políticamente. El trágala del PNVal PP, para 2017, es inferior a los 1.200 millones que, con la boca pequeña, solicitó el Gobierno central.
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Procede indicar que: --si se admite la propuesta del PNV, como aportación de Las Vascongadas, (territorio con 2.193.205 habitantes) a la caja común, lo que se aportará por ciudadano es 388 euros por habitante--; cuando la propuesta de proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno, para 2017, es de 443.133.329.500 euros; es decir, considerando que la población total en España, es de 46.539.026 habitantes, la propuesta es de 9.522 euros por habitante, se aprecia una insultante diferencia, de 9.134 euros, entre lo que aporta el gobierno nacional separatista, deLas Vascongadas, por los servicios prestados a los vascos por el Estado y lo que realmente cuestan los servicios de cada ciudadano.
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Dentro del sistema territorial español coexisten dos modelos regionales claramente diferenciados: por un lado, el sistema de régimen común, en el que se engloban la mayoría de las comunidades autónomas, y, por otro, el sistema foral, al que pertenecen Las Vascongadas y Navarra. La financiación de estas dos últimas regiones no tiene nada que ver con la del resto. Las Vascongadas y Navarradisfrutan de un sistema especial de financiación, bajo el paraguas de los "conciertos económicos", por el cual sus respectivas haciendas (cuatro, una por provincia) recaudan todos los impuestos y, posteriormente, pagan al Estado una determinada cuantía anual por los servicios públicos que presta en dichos territorios. En el caso de Las Vascongadas ese pago a la Hacienda común se llama "cupo", en el caso deNavarra "aportación", yCanarias se rige por un Régimen Económico y Fiscal (REF) diferente al común.
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Llegados a este punto, procede preguntarse: --Si por cada ciudadano vasco, el Estadorecauda 9.134 euros menos de lo que cuesta ¿Quiénes pagan la diferencia de ese coste?—La respuesta es, el resto de ciudadanos españoles, que tendremos que soportar un lastre indirecto de 20 mil millones de euros--. Surgiendo otra pregunta: --¿Esta realidad es admisible?—Coincido con usted, --¡En ningún caso!
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Aunque las grandes cifras, nos lleven a alejarnos de esa realidad, procede tener claro que: --Si elGobierno del Estado, utilizase como parámetro lo propuesto por el PNV por ciudadano, lo que habría que recaudar, vía impuestos en 2017, sería (solo) 18 mil millones, frente a los 443 mil millones propuestos. Y, como esto no será así, usted, respetado lector, tendrá que tener claro que: --cada español residente fuera de Las Vascongadas yNavarra, tendremos que pagar 458 euros adicionales, en pro de los, costosísimos (y malditos) cinco votos del PNV a los presupuestos generales de 2017, además de privilegios adicionales por los dos votos de los regionalistas canarios.
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Tal absurda realidad, a un servidor le hace retrotraerse al medieval “derecho de la primera noche” (derecho de pernada) que va, históricamente, unido al derecho antiguo a pagar una cantidad a tanto alzado, “cupo (pufo) vasco” y, que claramente supone que –todos los españoles no seamos iguales ante la Ley, ni ante Hacienda--. Los antiguos privilegios feudales, eran tan inaceptables, como argüir hoy prerrogativas medievales, para pagar menos impuestos que el resto de los españoles.
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Si el PP admitiese la, insultante, propuesta del PNV, el acuerdo tendría una duración de cinco años, hasta el año 2.022, el resto de españoles tendremos que aportar una cantidad adicional, claramente injusta. Y, llegará un tiempo que, se materialice lo que dijo, Eisenhower: --El pueblo que valora sus privilegios por encima de sus principios, perderá ambos—
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Mientras tanto, ya que los dos partidos del régimen, están dispuestos a seguir tragando con unos inaceptables privilegios, nos corresponde a la ciudadanía civil, hacer notar, como dijo, Primo Levi: -- Es el deber de los hombres justos hacer la guerra a todos los privilegios inmerecidos, pero no hay que olvidar que esto es una guerra sin fin— ¿Merece la pena, aprobar unos presupuestos, con los mencionados privilegios, para unos, a costa de un sobre-pago para el resto? Un, servidor, tiene grandes dudas.
miércoles, 15 de febrero de 2017
EL DERECHO A DECIDIR
Sobre el derecho a decidir
Este eufemismo ha sido repetido tantas veces en Cataluña que parece haberse convertido en verdad. Pero el llamado derecho a decidir no existe ni en la práctica internacional, ni en derecho constitucional, ni en el lenguaje político comparado, que encontraría ese término demasiado impreciso: ¿quién decide, qué se decide?
Los inventores de la expresión se refieren a dos ideas de manera implícita: Cataluña es una nación y, en consecuencia, tiene derecho a la autodeterminación. Es una maniobra retórica inteligente que pretende trasladar el debate desde el concepto resbaladizo de nación hacia el terreno más seguro de la democracia. El derecho a decidir no se debe negar, argumentan, porque ¿quién puede atreverse a impedir que la gente elija su destino?
La dificultad estriba en que los parámetros de la decisión son establecidos unilateralmente por el que ha diseñado ese derecho. Y entonces la democracia se convierte en autocracia. Qué se decide y quién lo decide lo decido yo, que también fijo el modo y los tiempos sin discusión. En cuanto al qué, surgen muchas preguntas que deberían responder los que apoyan esa idea: por qué votar la posible independencia en una parte de España en lugar de otra, por qué limitarse a algunas provincias (según se definieron en 1833), o por qué no se vota antes sobre nuestro régimen político como monarquía parlamentaria. En cuanto al quién, la definición del censo que hizo la convocatoria del plebiscito es caprichosa, porque niega la participación de los demás españoles después de una larga convivencia en un mismo Estado, porque acepta el voto desde los 16 años cuando salvo raras excepciones la inmensa mayoría de los países del mundo conceden esa capacidad a los 18 años, y porque impide votar a los catalanes que nacieron en Cataluña y hoy viven en el resto de España.
Por lo que se refiere al modo de la consulta, sorprende que quiera hacerse unilateralmente. Este es un punto de contraste llamativo con el caso escocés. Para que se den garantías democráticas en un plebiscito es preciso que las diversas opciones y consecuencias sean claramente debatidas, y esto no oocurre en Cataluña, donde se ha favorecido una especie de pensamiento único.
El reparto de poderes en España es mayor que el de algunos Estados federales
Los defensores del supuesto derecho a decidir renuncian a cualquier marco legal a la hora de reclamarlo. Aunque la Constitución española no lo reconozca, aunque la Unión Europea tampoco lo ampare, y a pesar de que el derecho internacional no se refiera a esa idea porque solo contempla la libre determinación de los pueblos coloniales, tal derecho existe. Parece que dicha capacidad tuviera un origen divino, como una revelación descendida sobre sus proponentes, que no admiten ningún tipo de debate al respecto. Tanta seguridad recuerda al personaje de Humpty Dumpty en Alicia a través del espejo, cuando decía que las palabras significan justo lo que él quiere que signifiquen.
Al negar un marco político y legal donde fundamentar ese derecho, y al delimitar de manera unilateral su forma de ejecución, los impulsores de la consulta en realidad motivan su causa en los sentimientos. Los catalanes, afirman, tienen derecho a la independencia porque se sienten una nación. A través del sistema educativo y del discurso oficial se ha alimentado un proceso de formación nacional que rechaza la idea de España como Estado plural en el contexto europeo. La única salida válida, se afirma, es la independencia. El problema de este enfoque es que contiene una enorme carga divisoria dentro de la Unión Europea, diseñada precisamente para superar esos instintos de enfrentamiento. El nacionalismo es un viejo concepto del siglo XIX que la integración europea ha ayudado a transformar, y que debemos reinterpretar en el siglo XXI de manera positiva y no excluyente.
La Constitución de 1978 se redactó con la vista puesta en Europa y con la clara intención de solventar problemas históricos que eran un lastre para todos. Hoy sigue teniendo un profundo sentido pacificador y conciliador. Los catalanes la votaron mayoritariamente sabiendo que era un acto constituyente, es decir, el cimiento de una nueva etapa política. La Constitución llegó a una solución transaccional al definir a España como nación, cuya soberanía reside en el pueblo, y al articular al Estado sobre la solidaridad y el reconocimiento de la pluralidad. Sobre ese fundamento, en las últimas tres décadas se ha desarrollado un notable sistema de reparto de poderes, más avanzado que el de algunos Estados federales.
La Constitución puede revisarse, obviamente, pero esto debe hacerse con el consenso de todos teniendo en cuenta el marco de la Unión Europea. Esa reforma debe ser negociada y pactada porque cualquier solución unilateral basada en sentimientos corre el riesgo de romper el orden jurídico y político que ha sido una garantía de paz, convivencia y estabilidad tras un doloroso siglo XX, cargado de odio y fanatismo.
Artur Mas, Puigdemon y sus adláteres azuzan y engrandecen demandas basadas en meros sentimientos
Un último aspecto de la reclamación de soberanía en Cataluña a través de un supuesto derecho a decidir es preocupante. La ruptura unilateral solo podría hacerse a un coste muy alto, esto es, la desmembración de España. A veces se presenta la corriente soberanista como un activismo pacífico y festivo, cuando en realidad muchos otros lo perciben como un separatismo que les produce pena y rechazo. Desde el punto de vista del Estado, Cataluña es un órgano vital para el conjunto de España, y las interacciones con otros órganos vitales han sido muy intensas, lo que hace la separación un asunto existencial. Los catalanes que persiguen ciegamente ese sueño no han comprendido que su hipotética independencia, quizás seguida por la de otras partes de España, supondría una verdadera conmoción tras una etapa reciente llena de intercambios profundos y de convivencia fructífera en un proyecto común.
La historia demuestra que, desgraciadamente, esas conmociones han sido acompañadas muchas veces de guerra y violencia.
Este eufemismo ha sido repetido tantas veces en Cataluña que parece haberse convertido en verdad. Pero el llamado derecho a decidir no existe ni en la práctica internacional, ni en derecho constitucional, ni en el lenguaje político comparado, que encontraría ese término demasiado impreciso: ¿quién decide, qué se decide?
Los inventores de la expresión se refieren a dos ideas de manera implícita: Cataluña es una nación y, en consecuencia, tiene derecho a la autodeterminación. Es una maniobra retórica inteligente que pretende trasladar el debate desde el concepto resbaladizo de nación hacia el terreno más seguro de la democracia. El derecho a decidir no se debe negar, argumentan, porque ¿quién puede atreverse a impedir que la gente elija su destino?
La dificultad estriba en que los parámetros de la decisión son establecidos unilateralmente por el que ha diseñado ese derecho. Y entonces la democracia se convierte en autocracia. Qué se decide y quién lo decide lo decido yo, que también fijo el modo y los tiempos sin discusión. En cuanto al qué, surgen muchas preguntas que deberían responder los que apoyan esa idea: por qué votar la posible independencia en una parte de España en lugar de otra, por qué limitarse a algunas provincias (según se definieron en 1833), o por qué no se vota antes sobre nuestro régimen político como monarquía parlamentaria. En cuanto al quién, la definición del censo que hizo la convocatoria del plebiscito es caprichosa, porque niega la participación de los demás españoles después de una larga convivencia en un mismo Estado, porque acepta el voto desde los 16 años cuando salvo raras excepciones la inmensa mayoría de los países del mundo conceden esa capacidad a los 18 años, y porque impide votar a los catalanes que nacieron en Cataluña y hoy viven en el resto de España.
Por lo que se refiere al modo de la consulta, sorprende que quiera hacerse unilateralmente. Este es un punto de contraste llamativo con el caso escocés. Para que se den garantías democráticas en un plebiscito es preciso que las diversas opciones y consecuencias sean claramente debatidas, y esto no oocurre en Cataluña, donde se ha favorecido una especie de pensamiento único.
El reparto de poderes en España es mayor que el de algunos Estados federales
Los defensores del supuesto derecho a decidir renuncian a cualquier marco legal a la hora de reclamarlo. Aunque la Constitución española no lo reconozca, aunque la Unión Europea tampoco lo ampare, y a pesar de que el derecho internacional no se refiera a esa idea porque solo contempla la libre determinación de los pueblos coloniales, tal derecho existe. Parece que dicha capacidad tuviera un origen divino, como una revelación descendida sobre sus proponentes, que no admiten ningún tipo de debate al respecto. Tanta seguridad recuerda al personaje de Humpty Dumpty en Alicia a través del espejo, cuando decía que las palabras significan justo lo que él quiere que signifiquen.
Al negar un marco político y legal donde fundamentar ese derecho, y al delimitar de manera unilateral su forma de ejecución, los impulsores de la consulta en realidad motivan su causa en los sentimientos. Los catalanes, afirman, tienen derecho a la independencia porque se sienten una nación. A través del sistema educativo y del discurso oficial se ha alimentado un proceso de formación nacional que rechaza la idea de España como Estado plural en el contexto europeo. La única salida válida, se afirma, es la independencia. El problema de este enfoque es que contiene una enorme carga divisoria dentro de la Unión Europea, diseñada precisamente para superar esos instintos de enfrentamiento. El nacionalismo es un viejo concepto del siglo XIX que la integración europea ha ayudado a transformar, y que debemos reinterpretar en el siglo XXI de manera positiva y no excluyente.
La Constitución de 1978 se redactó con la vista puesta en Europa y con la clara intención de solventar problemas históricos que eran un lastre para todos. Hoy sigue teniendo un profundo sentido pacificador y conciliador. Los catalanes la votaron mayoritariamente sabiendo que era un acto constituyente, es decir, el cimiento de una nueva etapa política. La Constitución llegó a una solución transaccional al definir a España como nación, cuya soberanía reside en el pueblo, y al articular al Estado sobre la solidaridad y el reconocimiento de la pluralidad. Sobre ese fundamento, en las últimas tres décadas se ha desarrollado un notable sistema de reparto de poderes, más avanzado que el de algunos Estados federales.
La Constitución puede revisarse, obviamente, pero esto debe hacerse con el consenso de todos teniendo en cuenta el marco de la Unión Europea. Esa reforma debe ser negociada y pactada porque cualquier solución unilateral basada en sentimientos corre el riesgo de romper el orden jurídico y político que ha sido una garantía de paz, convivencia y estabilidad tras un doloroso siglo XX, cargado de odio y fanatismo.
Artur Mas, Puigdemon y sus adláteres azuzan y engrandecen demandas basadas en meros sentimientos
Un último aspecto de la reclamación de soberanía en Cataluña a través de un supuesto derecho a decidir es preocupante. La ruptura unilateral solo podría hacerse a un coste muy alto, esto es, la desmembración de España. A veces se presenta la corriente soberanista como un activismo pacífico y festivo, cuando en realidad muchos otros lo perciben como un separatismo que les produce pena y rechazo. Desde el punto de vista del Estado, Cataluña es un órgano vital para el conjunto de España, y las interacciones con otros órganos vitales han sido muy intensas, lo que hace la separación un asunto existencial. Los catalanes que persiguen ciegamente ese sueño no han comprendido que su hipotética independencia, quizás seguida por la de otras partes de España, supondría una verdadera conmoción tras una etapa reciente llena de intercambios profundos y de convivencia fructífera en un proyecto común.
La historia demuestra que, desgraciadamente, esas conmociones han sido acompañadas muchas veces de guerra y violencia.
martes, 7 de febrero de 2017
Actitud ante el cáncer
Cada vez que se diagnóstica un cáncer en nuestro país. “Tienes que ser fuerte” .”Tienes que luchar”. “Sé valiente”. “No te rindas”.
Pues no señores, no estamos de acuerdo. El cáncer no se trata de luchar, el cáncer se trata de entender qué es lo que no funciona en tu vida.
El cáncer es una enfermedad que en mayor o menor medida, pone el freno de mano a tu vida. Si estás trabajando necesitas cogerte una baja laboral. Te obliga a dejar de hacer las cosas que hacías a diario y pasar a hacer cosas nuevas: hacer ejercicio, cuidar más tu alimentación, dedicarte tiempo a ti mismo, hacer ejercicio, mimarte, organizar tu vida para tener distintas parcelas cubiertas y contar con la ayuda de los seres queridos que te rodean y que pueden echarte una mano, etc.
El cáncer te da tiempo para revisar tu vida y entender qué es lo que no funciona. Para separar el grano de la paja: lo que te hace feliz de lo que no te hace feliz. De ver si estás viviendo en coherencia con tu auténtica forma de ser.
Todos, y cuando digo todos me refiero a todos (no sólo a los pacientes oncológicos si no también el resto de ciudadanos), deberíamos hacer revisión de nuestras vidas al menos una vez al año.
Reflexionar en qué punto estamos, si realmente la vida que llevamos y como la estamos viviendo nos hace feliz. Y si la respuesta es no, plantearnos qué pequeños cambios podemos hacer en nuestro día a día para vivir la vida con mayor plenitud, para acostarnos sintiendo que hemos aprovechado el día, que hemos vivido el día, que hemos sentido a la vida. Que, como dice un amigo mío, hemos vivido cada día a lo ancho.
El cáncer no se trata de ser valientes, ni de luchar, ni de vencer. Porque donde hay valientes hay cobardes, donde hay vencedores hay vencidos, y donde alguien lucha alguien pierde.
El cáncer se trata de amar y permitirse ser amado. De escuchar a nuestro corazón. De recuperar viejas aficiones que nos hacían sentir vivos. De retomar el contacto con personas que aportaban valor a nuestra vida. De volver a sentir, de volver a vivir, de volver a vibrar, de volver a ser felices. ..
Así pues, intentemos ser felices incluso con cáncer
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