domingo, 27 de diciembre de 2015



NUESTRA VIDA NO TENDRIA SENTIDO SIN LAS ARTES



La vida de todas las personas, aun la de aquellas que no están conscientes de ello, está enmarcada por expresiones culturales; algunas colectivas y otras muy personales, pero todas importantes. La mayoría no se detiene a pensar sobre la importancia de las artes en sus vidas, pero denos tres minutos y se lo vamos a mostrar. Pensemos un mundo sin expresiones artísticas.
Primero, eliminemos el teatro. Quitemos de nuestra vida todas las obras dramáticas que hayamos visto, los títeres, los magos, los comediantes; también actividades más cotidianas como las pastorelas.
Ahora, quitemos la danza. Eliminemos todos los bailes a los que hayamos asistido o en los que hemos participado, los actos escolares, nuestro primer baile con algún novio o novia, la discoteca, nuestro baile de graduación, nuestro primer baile como esposa o esposo, todas las fiestas bailables; también eliminemos todas esas ocasiones en que utilizamos algún bailecito paraexpresar nuestra emoción porque nuestro equipo metió un gol, porque nos dieron permiso de ir a la fiesta, porque nos encantó la comida que probamos, por (incluyamos las demás razones que nos impulsaron a bailar de la emoción).
Podemos seguir con las artes visuales. Quitemos los altares, pinturas e imágenes del interior de los templos religiosos, las pinturas que adornan nuestro hogar o nuestro lugar de trabajo, los “nacimientos”, las fotografías, los monumentos, los juguetes tradicionales…
Luego podemos borrar la cinematografía. Eliminemos todas las películas que hemos visto, todos los documentales y, en especial, todo lo que hemos aprendido, sentido y vivido a través de ellas. Las lágrimas (de tristeza y risa), el suspenso, el miedo, la alegría; las vidas de hombres y mujeres, reales o ficticios, que nos han inspirado; puntos de vista diferentes al nuestro; experiencias compartidas.
Ahora imaginémonos nuestra vida sin literatura. Olvidémonos de los cuentos, las fábulas, los chistes, las historias, las novelas, los personajes.
Sigamos con la música. ¿Cómo sería nuestra vida sin música? Las fiestas y desfiles, el camino hacia el trabajo o la universidad, nuestras ceremonias religiosas, nuestras ceremonias civiles y cívicas, los eventos deportivos, sin himno nacional, sin conciertos… ¿Cómo sobreviviríamos nuestros años adolescentes sin música?
Ahora quitemos la arquitectura. Nuestra casa, nuestra oficina, nuestra escuela, nuestra universidad, nuestro templo. Ahora los de todos los demás.
Y finalmente, quitemos las obras del diseño. ¿Ya se dio cuenta para dónde vamos? La silla donde estamos sentados o sentadas, la mesa que tenemos en frente, la computadora a través de la cual estamos leyendo esto, este portal, el celular, las lámparas, la televisión, la cafetera, los platos y los cubiertos, los vehículos, el logo de nuestra empresa, las estampas religiosas, los pósters de nuestros ídolos, la bandera y el escudo nacional, los símbolos de nuestro equipo deportivo, todo, TODO lo que queda, incluyendo su ropa.
Ya no queda nada.
Aunque podríamos pensar por un momento que un mundo sin nada sería no solo cómico (imaginándonos “chulones” deambulando como cavernícolas) sino deseable, en el mejor de los casos una vida sin expresiones artísticas sería aburrida y difícil y, en el peor de ellos, sería una existencia más allá de lo simplemente depresivo.
Ninguna persona (o muy, muy poquitas) puede permanecer sin intentar resolver algún problema práctico –¿cómo hago lisa la piedra para que me pueda sentar más cómodo?, ¿cómo hago para que no se me escape la cabra?, ¿cómo hago para que no me dé frío?–; sin cuestionarse algo –¿existe un Ser superior?, ¿porqué estoy aquí?, ¿porqué me pega?–; o sin buscar y encontrar la forma de registrar lo que siente, piensa y ve. Eventualmente, todos buscamos la forma de hacernos permanentes y todo esto se hace a través de las artes.

miércoles, 9 de diciembre de 2015



LA ESTUPIDEZ LAICISTA Y NACIONALISTA



¿HASTA DONDE PUEDE LLEGAR LA ESTUPIDEZ NACIONALISTA?
La Navidad, como todo el calendario, es un campo de batalla de las guerras ideológicas. Los revolucionarios franceses se inventaron un calendario nuevo; los bolcheviques rusos, los nacionalsocialistas alemanes y los comunistas castristas han tratado de borrar las fiestas cristianas con solsticios, equinoccios, fiestas de la cosecha... Esa tendencia a borrar las huellas cristianas y tradicionales se mantiene en nuestros tiempos con la sustitución de la Semana Santa o la Semana de Pascua por la Semana de Primavera, la eliminación de la datación antes y después de Cristo y la exigencia de montar Navidades laicas. Los nacionalistas separatistas vascos y gallegos también realizan sus campañas de manipulación en el mismo sentido. Desde hace unos años, al Olentzero bizkaitarra se ha unido la figura del Apalpador gallego, todavía más repugnante.
El olentzeroViejo chalado que permanece encerrado en una chabola del bosque todo el año y sólo sale en Nochebuena. Distribuye juguetes a los niños vascos. Es compañero de Papá Noel, pero, a diferencia de éste, se ha quitado el pijama rojo. Viste harapos, va sucio, no se le conoce mujer y convive con cabras, pese a lo cual los nacionalistas le permiten acercarse a sus hijos.
Esta figura existió en algunas comarcas montañesas de Guipúzcoa y Navarra, donde, lógicamente, había carboneros de leña. Este mito ha sido adoptado y modificado por los nacionalistas para ponerlo a su servicio y seguir secularizando y desespañolizando la sociedad.Fue renacido por obra de las Ikastolas
Las instituciones vascas controladas por el PNV y Bildu (ayuntamientos y diputaciones) subvencionan fiestas con el Olentzero, mientras regatean ayudas a las cabalgatas de los Reyes Magos. Incluso la televisión pública EITB ha rehusado en algún año emitir las cabalgatas, como si la imagen de los Reyes Magos fuese tan insoportable para los buenos vascos como el mensaje de Navidad del rey de España.
Este mito precristiano, readaptado a la mitología nacionalista, cuenta con el apoyo del eusko-klero, al que no le importa participar en la paganización de la sociedad vasca con tal de acercarse a su Euskadi amada
Un sobador de niños gallego
El nacionalismo gallego tiene una dependencia enfermiza de sus hermanos mayores vasco y catalán. or ello, los separatistas gallegos han tratado de encontrar su Olentzero, y lo han hallado en el Apalpador. Esta figura milenaria y arraigada se conoció en fecha tan lejana como 2006, cuando una página nacionalista que defiende la asimilación del gallego al portugués publicó un artículo descubriéndolo a la humanidad.
El Apalpador es un carbonero que vive en el monte, como el Olentzero; se toca con boina y fuma en pipa, como el Olentzero; lleva regalos a los niños en Nochebuena, como el Olentzero; su nariz roja muestra su gusto por las bebidas alcohólicas, como el Olentzero... La única y siniestra diferencia es que el Apalpador entra en el dormitorio de los niños y toquetea sus barriguitas con la excusa de comprobar si están bien alimentados por sus padres Por desgracia, un número creciente de ciudadanos e instituciones gallegos está cayendo en la trampa nacionalista, hipnotizados por el paletismo de defender y tragarse "lo de la tierra".
¡Que tiempos tan dichosos aquellos en los que solo existian LOS REYES MAGOS
MANUEL MARIN

domingo, 29 de noviembre de 2015




¿CUALQUIER TIEMPO PASADO FUÉ MEJOR?

Yo soy de los que piensan que cualquier tiempo pasado fué mejor, sobretodo si tenemos en cuenta por todo lo que estamos viviendo y padeciendo.¿Pero es eso cierto?. He reflexionado mucho sobre ello, y he llegado a mis propias conclusiones


-Seguro que has oído a alguien de tu entorno decir algo parecido a: “Hoy no es como antes. Ya no hay respeto por los mayores. Antes, todo el mundo era honesto y trabajador y la gente se preocupaba por los demás.” Me juego mi colección de chapas de pepsi-cola a que, si le preguntas a esa persona, su abuelo decía lo mismo. Y si hubiera posibilidad de poder preguntarle al abuelo de esa persona, diría que su abuelo opinaba igual y así hasta la cortina de los tiempos. ¿Por qué siempre tenemos la percepción de que en el pasado todo era mejor?

Conozco a personas que han tenido infancias duras y que opinan que antes la gente era más buena. Y te pueden dar una retahíla de recuerdos que justifican esa afirmación. Da igual que vivieran en la miseria o bajo represión política de cualquier tipo, lo que recuerdan es que antes eran más felices. La respuesta a esta forma de pensar está en el cerebro y en su capacidad para engañarnos. No le culpéis, no lo hace para fastidiar, sino para mantenernos sanos.

A esta percepción de que todo antes era mejor se la conoce con el nombre de efecto de positividad. Es un fenómeno por el cual nuestro cerebro es capaz de recordar con detalles muy vívidos las memorias felices, mientras que las tristes tienden a desvanecerse.

Por eso casi todos recordamos con cariño nuestra infancia y tenemos tantos recuerdos de juegos, diversión y felicidad. Por eso recordamos con cariño los buenos momentos que pasamos con una mascota fallecida y olvidamos los días de lluvia y frío en los que teníamos que sacarla a pasear o aquel día en que se comió los deberes y tu maestra no te creyó.

El mecanismo de percepción de positividad sirve para que podamos seguir hacia adelante sin “atascarnos” en recuerdos tristes. Es un truco del cerebro para que podamos superar los baches de la vida. Seguro que habéis tenido un momento duro en la vida: el fallecimiento de un ser querido, o algo menos doloroso como un montón de trabajo al que creíais que no podíais hacer frente, una montaña de exámenes apelotonados en una semana, o cualquier situación más o menos penosa. Comprobad que, a medida que pasa el tiempo, os cuesta recordar vívidamente lo mal que lo pasasteis y que realmente os queda un buen regustillo por haberlo superado. En el caso de la muerte de un ser querido, se traduce en que tendemos a conservar únicamente los recuerdos positivos que tenemos hacia esa persona.

El mecanismo de percepción de positividad no es perfecto y, de hecho, suele fallar en la gente que sufre de depresión: Estas personas no son capaces de recordar detalles vívidos de recuerdos, sino recuerdos vagos de cómo de mal le van las cosas.

En varios centros de Neurología realizaron experimentos que demuestran que nuestro estado de ánimo condiciona qué somos capaces de recordar. Así que, no hace falta estar diagnosticados de depresión para que haya fallos en el mecanismo de positividad: nuestro estado de ánimo afecta a nuestra memoria. Si estamos alicaídos, somos más propensos a recordar experiencias tristes o a resaltar las partes más negativas. Cuando estás triste no recuerdas lo genial que te lo pasaste en tu cumpleaños, sino que el pastelero escribió mal tu nombre en la tarta.

En los momentos de bajona, creemos que nos han pasado una serie de acontecimientos terribles que hacen que estemos tristes. Es decir, pensamos “como me han pasado un montón de cosas horribles, estoy depre”. Sin embargo es al contrario: “Como estás tristón, tienes más facilidad para recordar otras vivencias tristes”. O sea que cuando estamos tristes somos más propensos a fijarnos y pensar en las malas experiencias. Esto parece una obviedad, pero te vendrá bien recordarlo la próxima vez que estés triste.

En conclusión, en un estado normal, cuando recordamos cualquier tiempo pasado, lo hacemos con una mezcla de nostalgia y alegría y eso es lo que hace que, por muy malos que fueran realmente esos tiempos, los recordemos mejor que los actuales.

A pesar de todo lo reflexionado, yo sigo pensando que cualquier tiempo pasado fué MEJOR




sábado, 21 de noviembre de 2015




SEGURIDAD O LIBERTAD



Hay quienes creen que el hombre siempre se ve muy tentado a descartar la libertad a favor de la seguridad y de los beneficios materiales. Preferiría por tanto vivir en un régimen político que le garantice un plato de comida, aunque al precio de someterse a él sin chistar.
Aquí la “libertad” sería vista como un lujo inaceptable cuando la inequidad social conduce a algunas personas a morirse anémicas. “La única libertad que existe en el capitalismo es la de morirse de hambre”, han proclamado los socialismos de todos los tiempos.
Quienes han padecido los regímenes totalitarios (de derecha y de izquierda), y por tanto conocen en carne propia la opresión sobre las conciencias, tienen una percepción distinta: nada justifica, ni siquiera el orden social más injusto, el recorte de libertades individuales y sociales, sostienen.
El tópico aborda un problema clave de la filosofía política: la relación entre el individuo y la comunidad. ¿Son dos realidades antagónicas? ¿El individuo es anterior a la colectividad o al revés?
Si la colectividad tiene más derecho sobre el individuo el dilema libertad versus seguridad, se disuelve a favor de este último: habría entonces que sacrificar los deseos individuales, porque hay que garantizar la seguridad del conjunto, por lo general a través del Estado.
Quien no tuvo problema en concederle todo el poder al Estado fue el inglés Thomas Hobbes, para algunos el padre intelectual de todos los totalitarismos. Su razonamiento es que los seres humanos son criaturas mezquinas y egoístas, a las que sólo les interesan sus propias supervivencia y prosperidad.
Los individuos, por tanto, abandonados a su propio instinto, son criminales en potencia, viven en estado de discordia permanente, y sólo pueden ser sometidos por un poder policial superior.
“Mientras los hombres vivan sin un poder común que los atemorice, se hallan en la condición que se denomina estado de guerra; una guerra tal que enfrenta a todos contra todos”, escribió.
Hoy día, hay sociólogos que sostienen que ya no hay nada sólido ni seguro en la actual sociedad. 
Vivimos un tiempo donde todavía no están claras las estrategias para manejar los propios miedos y angustias. En este contexto,, el dilema seguridad versus libertad se ha agudizado.
El terrorismo y las acechanzas que se ciernen sobre los poderes políticos, los conatos de anarquía social, han generado paranoia entre algunos gobiernos, que así reivindican mayor ingerencia.
En Estados Unidos, por ejemplo, ante el peligro de ataques terroristas, la mayoría de los ciudadanos, estaría dispuesta a darle más atribuciones al gobierno, para garantizar seguridad, aunque eso restrinja libertades.
Pero una cosa no debería excluir a la otra.   “no es posible ser realmente libre si no se tiene seguridad, y la verdadera seguridad implica a su vez la libertad”.
Particularmente, y en situaciones como las que estamos viviendo ahora, y si tengo que elegir, prefiero la SEGURIDAD

sábado, 17 de octubre de 2015




ESCRUPULOS
Según la definición de la Real Academia, escrúpulo es: la duda, recelo o temor sobre si una cosa es cierta, moral o justa. Si nos ajustamos a esa definición, podemos comprobar que en España, y generalizo, hace mucho tiempo que dejaron de existir los escrúpulos, podríamos afirmar con toda seguridad, que es una nación ''Inescrupulosa'', permítasele el barbarismo.
Analicemos: Los bancos. Los bancos nunca han tenido escrúpulos, pero ahora menos que en otras épocas mas lejanas.
Políticas.- Podríamos aplicar lo mismo que a los bancos, aunque es cierto que en otros tiempos, ha habido algún que otro político que si los ha tenido, no voy a decir cuales por temor a equivocarme.
Poder Judicial.- Desde que los jueces están al servio de los políticos, los peores, por lo que representa su profesión, no tienen ningún problema de dictar sentencias a sabiendas que son injustas, no tienen ningún miramiento en prevaricar y cohechar (otro barbarismo) a diestro y siniestro
Ciudadana en general.-Pues muy sencillo, ¿que hacen unos ciudadanos que ven que en un país, los políticos roban y los jueces prevarican?, pues ¡¡sálvese quien pueda!!
No voy a ser yo menos que ellos a engañar y robar lo que pueda.
¿Cual es la solución a todo esto? Eso ya os lo contare otro día.
¿A donde va un país sin ESCRUPULOS? Contestaros vosotros mismos

jueves, 24 de septiembre de 2015




LA SIN RAZÓN


Hablar hoy en día de Cataluña es, por desgracia, hablar de nacionalismo. Y hablar de nacionalismo catalán es hablar de manipulación, adoctrinamiento y propaganda. Hablar de nacionalismo es hablar de sentimientos y no de razón, porque no existen argumentos históricos, económicos y sociales objetivos que puedan apuntalar esta ideología. Hablar de nacionalismo es hablar de aquellos que han tomado la autoridad como verdad en vez de la verdad como autoridad. Hablar de nacionalismo es hablar de aquellos que quieren imponer la razón de la fuerza en lugar de la fuerza de la razón. En definitiva, hablar de nacionalismo en Cataluña es hablar de graves carencias en la calidad democrática.
Pero, ¿qué representa en la Europa de hoy el nacionalismo? Representa una ideología insolidaria que pone a una determinada nación como el único referente identitario dentro de una comunidad política y que afirma que la nación es la única base legítima para el Estado y postula que cada nación debe formar su propio Estado, y que las fronteras del Estado deben coincidir con las de la nación. Las acciones sociales y políticas del nacionalismo se esfuerzan en crear o sustentar una idea de nación basada en un concepto, muchas veces ilusorio, de identidad ‘experimentado’ colectivamente por miembros de una sociedad o un territorio en particular, y con el objetivo de lograr las reclamaciones territoriales y nacionales que pretenden con tanto ahínco, un proceso que se percibe perfectamente en la Cataluña actual.
En Cataluña, el nacionalismo se vende como participativo, democrático, pacífico, plural, no partidista… se manifiesta como la expresión de un pueblo colonizado y oprimido que busca su añorada libertad nacional. Pero todo ello no son sino imposturas que debemos dejar al descubierto y denunciar enérgicamente puesto que el sesgado nacionalismo catalán es de carácter fuertemente identitario, reduccionista, manipulador, clientelista, xenófobo, supremacista y excluyente; y además muestra peligrosamente la cara más burda de los regímenes totalitarios que tantos horrores trajeron a la Europa de nuestros abuelos.  De nada sirve que destacados líderes internacionales como Obama o Cameron afirmen que lo mejor para Cataluña es permanecer en España y por ende en Europa, o que varios comisarios europeos afirmen públicamente que una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea y del euro, o  adviertan del riesgo de corralito; al separatismo no le importa, niegan la evidencia porque lo único que quieren es la independencia aunque suponga el ostracismo internacional, la quiebra económica y con ella la desaparición efectiva de los derechos con que nuestro actual Estado social protege a la ciudadanía.
En Cataluña, el nacionalismo ha conseguido que la sociedad civil haya sido suplantada por una tosca pancracia -- formada por el poder político de carácter secesionista y sus extensiones asamblearias y asociativas subvencionadas, que han parecido gobernar de facto en nombre de Artur Mas durante estos dos últimos años, ese presidente autonómico insumiso que se ha creído legitimado por “la voluntad de un pueblo” –ergo la gran impostura separatista, hacer creer al mundo que todo el pueblo catalán es nacionalista- a saltarse las leyes y a romper la ejemplar convivencia de los catalanes entre sí y de éstos con el resto de los españoles. En el centro del pensamiento nacionalista siempre tiene que haber un enemigo exterior al cual poder culpar de sus carencias y de sus errores, y al cual dirigir su odio al tiempo que camufla con ello sus propias miserias. . Por ello, una de las mentiras más indignas de los nacionalistas es tratar de hacernos creer que los catalanes son odiados por los españoles, esa “raza invasora y colona”, como se esfuerza la maquinaria del régimen secesionista en calificarlos, sin tener en cuenta que son parte de España y que hay muchos lazos afectivos y económicos que los unen con el resto de españoles. Prueba de ello es la gran cantidad de españoles del resto de España –Murcia, Extremadura, Andalucía, Galicia, Aragón, etc.- que vinieron a Cataluña a trabajar y decidieron echar raíces y tener allí a sus hijos y pasar a formar parte de una sociedad ejemplar, culta, avanzada, respetuosa y con los pies en el suelo, sociedad que ahora se tambalea a causa del pulso separatista.
La comunidad autónoma catalana no puede decidir unilateralmente separarse de España básicamente por dos motivos: a) legalmente porque el Gobierno y el Parlamento de Cataluña no tienen competencias para decidir sobre la ruptura de la integridad del territorio nacional; b) éticamente porque se ha sufrido un adoctrinamiento en las escuelas a lo largo de tres décadas y una manipulación mediática continuada, haciendo decantar artificialmente a una parte de los ciudadanos de Cataluña hacia una opción determinada: la secesionista; en definitiva, porque no hay pluralidad informativa en los medios públicos catalanes -en cuyo libro de estilo la palabra ‘pluralidad’ ha sido sustituida por el  ‘pensamiento único’- ni tampoco en los medios privados subvencionados -que se han convertido en voceros del gobierno separatista de Mas-, y todo ello no es casual, ya estaba meticulosamente previsto en el plan nacionalizador de Jordi Pujol aparecido en 1990 en los periódicos catalanes de mayor tirada, plan que se ha ejecutado milimétricamente y que, como pretendía, ha inoculado el virus separatista en todos los ámbitos de la sociedad, desde la educación, la comunicación y la cultura hasta la empresa, el tejido asociativo y los colegios profesionales.

La asociación Sociedad Civil Catalana, premio Ciudadano Europeo 2014 de la U.E., con un informe económico claro y preciso elaborado a finales de 2014 nos ha planteado un crudo pero realista escenario de lo que sería la Cataluña independiente: aterroriza leer todo lo que se perdería con la secesión, porque ganar no ganarían nada. También se ha pronunciado Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo, que ha desmontado con su reciente libro ‘Las cuentas y los cuentos de la independencia’ la propaganda victimista e insolidaria sobre el falso expolio fiscal del Estado con la que el gobierno nacionalista catalán  bombardea un día sí y otro también. Realmente, la crítica situación económica actual de la Generalidad es fruto del mal gobierno, y hay que recordar que cuando  Mas llegó al poder en diciembre de 2010 la deuda pública de Cataluña era de 35.616 millones de euros; en los cinco años de su desgobierno ha alcanzado los 66.813 millones actuales, una situación insostenible para una región cuyo presupuesto de ingresos para 2015 es de 36.942,9 millones de euros. Las políticas identitarias han pasado por delante de las políticas económicas y sociales, quedando relegado a un segundo plano de su acción de gobierno la industria, el trabajo, la sanidad y los servicios sociales. Lo más deleznable de todo es que bajo la bandera de la independencia -esa bandera estelada cuyo autor firmaba como VICME, Viva la Independencia de Cataluña y Muera España-  Mas ha querido ocultar la realidad de su pésima gestión en una desesperada huida hacia adelante para mantenerse en el poder y tratar de evitar las responsabilidades por el expolio de la región y por la corrupción que de este expolio se deriva y que carcome hasta las entrañas tanto a su partido como al clan familiar del expresidente Pujol, con la práctica totalidad de sus miembros imputados y poseedores de innumerables y abundantes cuentas e inversiones en paraísos fiscales, todo un modelo de ejemplaridad democrática y de ejercicio de cargo público.
La desoladora realidad es que los ciudadanos que viven en Cataluña han visto como paulatinamente se han ido dañando sus relaciones de amistad, de familia, de pareja, de trabajo, por culpa de este incierto viaje hacia una Arcadia imposible que unos pocos llaman “la nación catalana”,  donde se ataca continuamente la ejemplar transición española y la consensuada Constitución de 1978, mientras la situación de crisis económica y social se agrava un día tras otro en la región. Cicerón ya nos advirtió que “el buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes”. Y los catalanes, como son diligentes ciudadanos, no van a permitir que esto suceda, de la única manera posible en democracia: votando en las próximas elecciones autonómicas para acabar con la tiranía de este sentimiento irracional que  quieren imponer desde el separatismo que desde hace tres décadas se ha instalado en las instituciones catalanas con diferentes colores políticos y que ahora se ha quitado la careta y se presenta como lista única con un solo objetivo: la secesión. 
En Cataluña, aún queda mucha gente que no se ha dejado adoctrinar, mucha gente con seny, y que deben ir a votar el día 27 para decirle NO a los secesionistas
Cataluña debe y tiene que seguir siendo parte de una gran nación:ESPAÑA

lunes, 21 de septiembre de 2015



A propósito del sentimiento español de los españoles

Hace años que vengo recordando que un país es algo distinto de una estación de trenes, un aeropuerto o un estadio de fútbol y que no hace falta ser Newton para entender (los independentistas lo saben de memoria) que esa conciencia unitaria que distingue un país de una estación, se adquiere en la escuela. Que si metemos niños en un seminario salen curas; si en una madraza, salen muslimes; si en el MIT, tecnólogos de primera clase, si en una Ikastola, Etarras y si en un colegio Catalán, descerebrados convencidos de que Noé llevaba barretina.

Los políticos nos vendieron la burra ciega del estado autonómico y no serán ellos los que entonen el "mea culpa" y digan que fue un gigantesco error; que confundieron el culo con las témporas; que la descentralización en sí no siempre es útil ni conveniente, ni que como he recordado repetidas veces, descentralizar un país no significa desmembrarlo, del mismo modo que descentralizar una familia no siempre es conveniente, ni significa que cada miembro tenga en su habitación un WC; una salita de estar; una terraza tendedero con lavadora y una cocina con frigorífico (ahora todos quieren también una puerta de acceso a la calle independiente de las demás).

Supongo que algún lumbreras propondrá media horita de clase semanal en las escuelas con una asignatura de Formación del Espíritu Nacional, que de todas formas no se dará, y que en el mejor de los casos tratará de formación del espíritu Euskaldun; Catalán; Gallego; Canario y de Villanueva del Trabuco que al final, también querrá ser independiente. Sin olvidar por supuesto, el hecho diferencial de Lorca Respecto a Murcia. Porque con la cantinela de la rica variedad, puesta de moda por los escribidores de discursos del Rey emérito, hemos conseguido que cada imbécil se mire el ombligo y descubra un auténtico y genuino hecho diferencial 
Además, esas apelaciones a que la Izquierda Española, una de las más cavernícolas y montaraces de Europa, junto con las de Grecia e Italia, colaboren con esa formación del espíritu nacional, es como pedir que las putas vendan rosarios en cuaresma.

Todos conocemos los síntomas de la enfermedad. Pero mala cura tiene, si no nos atrevemos siquiera a verbalizar el diagnóstico y nos conformamos con eufemismos como el de “la cruel enfermedad” para no decir que tenemos un cáncer terminal.

Tan sólo eliminando las malditas y parasitárias autonomías, ganaríamos mucho terreno perdido