lunes, 21 de septiembre de 2015
A propósito del sentimiento español de los españoles
Hace años que vengo recordando que un país es algo distinto de una estación de trenes, un aeropuerto o un estadio de fútbol y que no hace falta ser Newton para entender (los independentistas lo saben de memoria) que esa conciencia unitaria que distingue un país de una estación, se adquiere en la escuela. Que si metemos niños en un seminario salen curas; si en una madraza, salen muslimes; si en el MIT, tecnólogos de primera clase, si en una Ikastola, Etarras y si en un colegio Catalán, descerebrados convencidos de que Noé llevaba barretina.
Los políticos nos vendieron la burra ciega del estado autonómico y no serán ellos los que entonen el "mea culpa" y digan que fue un gigantesco error; que confundieron el culo con las témporas; que la descentralización en sí no siempre es útil ni conveniente, ni que como he recordado repetidas veces, descentralizar un país no significa desmembrarlo, del mismo modo que descentralizar una familia no siempre es conveniente, ni significa que cada miembro tenga en su habitación un WC; una salita de estar; una terraza tendedero con lavadora y una cocina con frigorífico (ahora todos quieren también una puerta de acceso a la calle independiente de las demás).
Supongo que algún lumbreras propondrá media horita de clase semanal en las escuelas con una asignatura de Formación del Espíritu Nacional, que de todas formas no se dará, y que en el mejor de los casos tratará de formación del espíritu Euskaldun; Catalán; Gallego; Canario y de Villanueva del Trabuco que al final, también querrá ser independiente. Sin olvidar por supuesto, el hecho diferencial de Lorca Respecto a Murcia. Porque con la cantinela de la rica variedad, puesta de moda por los escribidores de discursos del Rey emérito, hemos conseguido que cada imbécil se mire el ombligo y descubra un auténtico y genuino hecho diferencial Además, esas apelaciones a que la Izquierda Española, una de las más cavernícolas y montaraces de Europa, junto con las de Grecia e Italia, colaboren con esa formación del espíritu nacional, es como pedir que las putas vendan rosarios en cuaresma.
Todos conocemos los síntomas de la enfermedad. Pero mala cura tiene, si no nos atrevemos siquiera a verbalizar el diagnóstico y nos conformamos con eufemismos como el de “la cruel enfermedad” para no decir que tenemos un cáncer terminal.
Tan sólo eliminando las malditas y parasitárias autonomías, ganaríamos mucho terreno perdido
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