sábado, 21 de septiembre de 2013

LA ESPAÑA TRAICIONADA

LA ESPAÑA TRAICIONADA
No estaríamos ahora en una crisis nacional por motivos separatistas territoriales, sin la irresponsabilidad de todos los gobiernos –unos por acción y otros por omisión-, que desde la instauración democrática han dirigido los destinos de España. En unos casos ha intervenido la traición y, en otros, la cobardía. Todos, con dejación de funciones del mandato constitucional y, todos, menospreciando a sus votantes de los que tenían que hacer cumplimiento de su voluntad soberana.
En ningún caso se habría llegado hasta el extremo de consentir las pretensiones de rotura del territorio y de la soberanía nacional por parte de los nacionalistas vascos o catalanes, si desde la transición hasta nuestros días, aquellos que ostentaron responsabilidades gubernamentales hubieran actuado con un mínimo de coherencia y sapiencia política; pero también con un mínimo de autoridad.
Se han cargado el espíritu de la transición y han desvirtuado y envilecido la democracia que tanto se deseaba. Sólo les ha preocupado el día a día y sus propios intereses, que han imperado junto a la traición ideológica. La codicia ha equivocado el camino y; solamente, la regeneración sería posible para establecer unas pautas que permitiera la génesis de los valores democráticos y las praxis de un futuro que impida esta constante decadencia.
Ahora, ya no vale el Estado de las Autonomías; se pretende implantar el estado federal que es una vuelta de tuerca más para aprovechar la inercia de los conflictos de las autonomías gamberras, y que por la inercia de estos planteamientos, se aprovecha el partido socialista que es el máximo exponente de las teorías del nuevo estado federalista. Es decir, una fase intermedia para la rotura de España, que es en lo que ha estado siempre desde 1910, como mínimo.
La reforma en este sentido de la Ley de leyes conlleva además, un replanteamiento radical político-jurídico-administrativo de enorme importancia; pero en lo básico, impediría legalmente al Ejército intervenir por mandato constitucional como garante de la unidad española, porque la aprobación y posterior ratificación popular parlamentaria de una nueva Constitución, le dejaría fuera de ese importante cometido en el siguiente paso de la separación de aquellos estados federales que quisieran alejarse de la unidad federal. Sólo hay que esperar otros treinta años más si los “impacientes” no se “lían” antes.
Qué podemos esperar de nuestros representantes políticos. Pues que dejen de mirarse el ombligo y tenga, al menos, preocupación por legislar leyes que impidan cualquier latrocinio que permita llegar la confrontación entre territorios y personas. Que ejecuten las prerrogativas constitucionales para obligar a cualquier Comunidad dísloca –y como aviso a navegantes descarriados- al cumplimiento forzoso de sus obligaciones, llegando a la aplicación de las mismas con la firmeza necesaria cuando se atente contra el interés general de España. Y, que entiendan, que la ciudadanía española ha dejado de ser súbdita de la partidocracia convenida.
Si comprenden, al menos, que para seguir adelante hay que ser dueño de grandes sueños y compromisos. Si entienden que por el camino adoptado hasta ahora, sólo nos lleva al precipicio. Si las actitudes y aptitudes van a seguir por el mismo camino de la corrupción generalizada, por el derroche y el despilfarro, por las traiciones taimadas, por los apaños y mercadilleo de las traiciones para vender a España a trozos… No va haber más remedio que sacarles de sus errores, por las buenas o por las malas.
Parar esta deriva peligrosa de secesión está en el tejado del gobierno de turno; pero también en el voto responsable de la ciudadanía que debe poner en las urnas las garantías para que esto no pueda ocurrir. La experiencia democrática debe llevarnos a decirles a los representantes políticos que: o actúan conforme a derecho y a la querencia general, o serán los responsables de lo que pueda ocurrir en el futuro y tendrán que rendir cuentas.
En cambio, ponerse a trabajar para conseguir mayores hazañas políticas y diplomáticas en el sentido de profundizar en las ideas de la Unión Ibérica, primeriza en los Reyes Católicos y, posteriormente, en encuestas muy positivas llevadas a cabo que se barajaron en el año 2009, entre la población española y la portuguesa para conformar la unión confederada de las dos naciones con un mismo objetivo de intereses comunes -con muy amplia aceptación-, a la que podría unirse, probablemente, Andorra; pues esto sería todo lo contrario de los predicamentos socialistas.
En un pueblo libre es más poderoso el imperio de la ley que el de los hombres (Tito Livio)

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