martes, 16 de agosto de 2016

EL DIABLO DE TASMANIA

LOS DIABLOS DE TASMANIA.


Tasmania es una isla del tamaño de Irlanda, situada a 320 kilómetros al sur de Australia.

Podéis preguntar allí mismo, a los propios australianos y tasmanios, que hoy son solo descendientes de los británicos que exterminaron a los aborígenes, quiénes fueron los primeros europeos que llegaron a sus costas.

Prácticamente ninguno sabe que fueron españoles, pues el hecho ha sido ocultado durante siglos.

La mala suerte para los indígenas de aquellas tierras, fue que los españoles no mostraron interés por colonizarlas, pero si lo hicieron holandeses e ingleses.

En 1642, vivían en Tasmania mas de 5.000 cazadores recolectores. No conocían la metalurgia, ni la agricultura, ni la ganadería. Ni siquiera tenían arcos y flechas. No sabían tejer ni hacer fuego. Llevaban más de 10.000 años aislados.

En 1800 llegaron a Tasmania los británicos, 30 años más tarde solo quedaban 72 indígenas hombres, tres mujeres y ningún niño (recordemos que eran 5.000).
Treinta y nueve años después, los únicos tasmanios vivos eran una mujer llamada Truganini, William Lanner, y otra mujer... ¡Tres!.

No hubo enfermedades y epidemias de especial trascendencia, como en América. Aquí el genocidio fue deliberado y organizado por la corona Británica. Los mataron cazándolos y cobrando por ello.

El gobierno creó grupos armados de convictos británicos llamados Patrullas Volantes, a los que pagaba por matar tasmanios. Un acantilado llamado hoy Victory Hill, debe su nombre a cuatro blancos que mataron allí a más de 30 nativos tirándolos al mar.

En noviembre de 1828, los soldados tenían permiso para disparar y matar a cualquier indígena que vieran en el territorio. Cinco libras británicas pagaba el gobierno por cada tasmanio adulto muerto y dos por cada niño. Lo llamaban "atrapar al negro".

William Broughton, diácono anglicano de Australia recomendó, como política oficial con los nativos, envenenarlos y perseguirlos con perros.

Los científicos anglosajones decidieron que los tres últimos tasmanios eran una joya zoológica como eslabón perdido entre humanos y simios.

Por eso cuando el último, William Lanner, murió, dos equipos rivales de médicos lo desenterraron y se repartieron la cabeza, las manos y los pies. Uno incluso cortó la nariz y las orejas como recuerdo. El doctor Stockell prefirió hacerse una bolsa para el tabaco de su pipa con la piel de Lanner.

Hasta 1947, el esqueleto de la última mujer tasmania, estuvo expuesto en un museo de la Royal Society.

Cuando los hermanos hispanoamericanos nos hablan de supuestas matanzas perpetradas por españoles en América, suelen pasar por alto las fechas. Hablan del siglo XVI, hace más de cinco siglos, en una Edad Media cultural.

Incluso si esos sucesos fueran ciertos, hay dos factores que no se pueden obviar. Uno, desde el principio, la Reina Isabel de Castilla, prohibió, persiguió y castigó el maltrato a los indígenas (está escrito y es irrefutable históricamente). Y dos, los contextos sociales de los siglos XVI y XX son descomunalmente diferentes.

Los británicos exterminaron oficial y deliberadamente a los indigenas de sus colonias siempre que pudieron hacerlo, y lo hicieron en plenos siglos XIX y XX.

Genocidio total y repoblación con blancos de Gran Bretaña, cuyos descendientes son los actuales pobladores de muchos países de la Commonwealth, que lucen la bandera británica en pequeño sobre las suyas y cuya reina sigue siendo la de Inglaterra.

En los territorios que pertenecieron al Imperio Español, en cambio, los indígenas se cuentan por millones, sus culturas se conservan, y rigen sus propios destinos presidiendo y gobernando sus tierras.

Comparen, y opinen con datos.

Por supuesto, no verán ninguna película, ni de ficción ni documental, sobre estas historias. Solo a Hugh Jackman, Nicole Kidman y Cocodrilo Dundee vendiendo épica, aventura y anglosajonismo a manos llenas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario