AY; MI ESPAÑA
Siempre he considerado fundamental entender cuál es el objetivo de nacionalistas vascos y catalanes, porque su ilegitimidad no solo viene de las herramientas que han empleado tradicionalmente, la mentira y el terrorismo (normalización lingüística, ETA, Terra Lliure, etc.), sino que éstas son el fruto de unos objetivos irracionales e ilegítimos, y por falta de razón han tenido que emplear el miedo para su imposición.
No hay que perder de vista los objetivos, ya que cuando estos son ilegítimos y nocivos la sociedad tiene toda la legitimidad para defenderse del mal que le acecha. La ausencia de terrorismo no legitima objetivo alguno, es más, me atrevo a decir que hay determinados objetivos que de por sí generan violencia, mentira e injusticia.
El objetivo que persigue el nacionalismo en sus diferentes manifestaciones (PNV, CiU, PSC, PSE, ETA-Sortu-Amaiur, etc.) es la ruptura de España, la secesión de Cataluña y de la Comunidad Autónoma Vasca. Intenta justificar esa ruptura con una historia que nunca sucedió, y con unos supuestos beneficios económicos que no resisten el más mínimo análisis. Es cierto que cada uno ha empleado herramientas diferentes, pero hoy estamos al borde de la secesión por la acción de todos ellos: cada uno ha desempeñado y desempeña su papel.
Ni Vascongadas ni Cataluña han sido jamás naciones, sus pueblos estuvieron integrados plenamente en los reinos de Castilla y Aragón, respectivamente, reinos que se formaron para reconquistar la España perdida, empresa en la que tanto vascos como catalanes destacaron por su ímpetu y empeño. No hay hechos históricos que avalen las pretensiones nacionalistas, salvo su voluntad de ser nación, que comenzó tímidamente a manifestarse a finales del siglo XIX.
Pero tampoco tienen argumentos de carácter material. Animo a que se lean los excepcionales trabajos de Convivencia Cívica Catalana (CCC) "Las trampas de la balanza fiscal de Cataluña" y "Las cuentas claras de Cataluña". La última balanza analizada (a 2009) fue positiva para Cataluña en 4.015 millones de euros; es decir, que había recibido más de lo que había pagado. Sin embargo, se ha impuesto la mentira, mil veces repetida por el nacionalismo catalán, y parece que efectivamente Cataluña es víctima, cuando se beneficia enormemente de ser España.
Pero es que, además, Cataluña disfruta de un superávit comercial con el resto de España de cerca de 22.000 millones de euros anuales, por lo que, en el caso de independencia, como se señala en "Las cuentas claras (...)", el PIB catalán podría caer, siendo conservadores, un 20% debido al efecto frontera –que en otros casos ha supuesto una disminución del 66% del comercio interior–. No se ha podido cuantificar el efecto que tendrían la salida de Cataluña de la UE y la salida de multinacionales de Cataluña.
Todo esto nos lleva a comprobar que no hay justificación histórica ni económica para las pretensiones nacionalistas; sólo hay un acto de voluntad mesiánica que, al carecer de razones, necesita del miedo para imponer el mito nacionalista.
Pero más sorprende descubrir que, incompresiblemente, los dif diferentes Gobiernos españoles no han hecho el más mínimo esfuerzo por aportar los datos reales y desenmascarar la mentira nacionalista.
No deja de sorprenderme que, mientras asociaciones civiles realizan estudios con gran esfuerzo, como CCC, el Gobierno español no ha hecho ni hace el más mínimo esfuerzo por desentrañar la mentira y denunciar con números que la secesión traería un empobrecimiento enorme a la población vasca, a la catalana y al resto de la sociedad española. Por el contrario, hemos ido financiando a aquellos que buscan nuestra ruina. Incomprensible.
lunes, 8 de mayo de 2017
sábado, 29 de abril de 2017
El pufo vasco y el derecho de pernada
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Usted, respetado lector, se estará preguntando: --qué tiene que ver el pufo vasco con el anacrónico derecho “Ius primae noctis” en pleno siglo XXI--; por tanto le tengo que aclarar que: --ambos anacronismos están recogidos en los absurdos medievales, que se han venido manteniendo en el tiempo, y que hoy es denominado como “el cupo” (o pufo vasco) que, teóricamente, es lo que tienen que pagar Las Vascongadas, al Estado por los servicios públicos no transferidos; Se trata de un privilegio económico gigantesco, originado en las guerras civiles del S.XIX, —
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En las negociaciones entre elGobierno del Estado y el PNV, para que los nacional separatistas, apoyen los presupuestos generales delEstado, para 2017, han propuesto a Rajoy que “la cantidad que Las Vascongadas tengan que aportar al Estado, por los servicios prestados por el propio Estado, en aquel territorio, sea (solo) de 850 millones”. Procede indicar que: --Las Vascongadas yNavarra, tienen delegadas la recaudación de los impuestos (elEstado no cobra impuestos en estos territorios) y cada año, previo acuerdo, le ingresan alEstado una cantidad pactada políticamente. El trágala del PNVal PP, para 2017, es inferior a los 1.200 millones que, con la boca pequeña, solicitó el Gobierno central.
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Procede indicar que: --si se admite la propuesta del PNV, como aportación de Las Vascongadas, (territorio con 2.193.205 habitantes) a la caja común, lo que se aportará por ciudadano es 388 euros por habitante--; cuando la propuesta de proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno, para 2017, es de 443.133.329.500 euros; es decir, considerando que la población total en España, es de 46.539.026 habitantes, la propuesta es de 9.522 euros por habitante, se aprecia una insultante diferencia, de 9.134 euros, entre lo que aporta el gobierno nacional separatista, deLas Vascongadas, por los servicios prestados a los vascos por el Estado y lo que realmente cuestan los servicios de cada ciudadano.
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Dentro del sistema territorial español coexisten dos modelos regionales claramente diferenciados: por un lado, el sistema de régimen común, en el que se engloban la mayoría de las comunidades autónomas, y, por otro, el sistema foral, al que pertenecen Las Vascongadas y Navarra. La financiación de estas dos últimas regiones no tiene nada que ver con la del resto. Las Vascongadas y Navarradisfrutan de un sistema especial de financiación, bajo el paraguas de los "conciertos económicos", por el cual sus respectivas haciendas (cuatro, una por provincia) recaudan todos los impuestos y, posteriormente, pagan al Estado una determinada cuantía anual por los servicios públicos que presta en dichos territorios. En el caso de Las Vascongadas ese pago a la Hacienda común se llama "cupo", en el caso deNavarra "aportación", yCanarias se rige por un Régimen Económico y Fiscal (REF) diferente al común.
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Llegados a este punto, procede preguntarse: --Si por cada ciudadano vasco, el Estadorecauda 9.134 euros menos de lo que cuesta ¿Quiénes pagan la diferencia de ese coste?—La respuesta es, el resto de ciudadanos españoles, que tendremos que soportar un lastre indirecto de 20 mil millones de euros--. Surgiendo otra pregunta: --¿Esta realidad es admisible?—Coincido con usted, --¡En ningún caso!
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Aunque las grandes cifras, nos lleven a alejarnos de esa realidad, procede tener claro que: --Si elGobierno del Estado, utilizase como parámetro lo propuesto por el PNV por ciudadano, lo que habría que recaudar, vía impuestos en 2017, sería (solo) 18 mil millones, frente a los 443 mil millones propuestos. Y, como esto no será así, usted, respetado lector, tendrá que tener claro que: --cada español residente fuera de Las Vascongadas yNavarra, tendremos que pagar 458 euros adicionales, en pro de los, costosísimos (y malditos) cinco votos del PNV a los presupuestos generales de 2017, además de privilegios adicionales por los dos votos de los regionalistas canarios.
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Tal absurda realidad, a un servidor le hace retrotraerse al medieval “derecho de la primera noche” (derecho de pernada) que va, históricamente, unido al derecho antiguo a pagar una cantidad a tanto alzado, “cupo (pufo) vasco” y, que claramente supone que –todos los españoles no seamos iguales ante la Ley, ni ante Hacienda--. Los antiguos privilegios feudales, eran tan inaceptables, como argüir hoy prerrogativas medievales, para pagar menos impuestos que el resto de los españoles.
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Si el PP admitiese la, insultante, propuesta del PNV, el acuerdo tendría una duración de cinco años, hasta el año 2.022, el resto de españoles tendremos que aportar una cantidad adicional, claramente injusta. Y, llegará un tiempo que, se materialice lo que dijo, Eisenhower: --El pueblo que valora sus privilegios por encima de sus principios, perderá ambos—
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Mientras tanto, ya que los dos partidos del régimen, están dispuestos a seguir tragando con unos inaceptables privilegios, nos corresponde a la ciudadanía civil, hacer notar, como dijo, Primo Levi: -- Es el deber de los hombres justos hacer la guerra a todos los privilegios inmerecidos, pero no hay que olvidar que esto es una guerra sin fin— ¿Merece la pena, aprobar unos presupuestos, con los mencionados privilegios, para unos, a costa de un sobre-pago para el resto? Un, servidor, tiene grandes dudas.
miércoles, 15 de febrero de 2017
EL DERECHO A DECIDIR
Sobre el derecho a decidir
Este eufemismo ha sido repetido tantas veces en Cataluña que parece haberse convertido en verdad. Pero el llamado derecho a decidir no existe ni en la práctica internacional, ni en derecho constitucional, ni en el lenguaje político comparado, que encontraría ese término demasiado impreciso: ¿quién decide, qué se decide?
Los inventores de la expresión se refieren a dos ideas de manera implícita: Cataluña es una nación y, en consecuencia, tiene derecho a la autodeterminación. Es una maniobra retórica inteligente que pretende trasladar el debate desde el concepto resbaladizo de nación hacia el terreno más seguro de la democracia. El derecho a decidir no se debe negar, argumentan, porque ¿quién puede atreverse a impedir que la gente elija su destino?
La dificultad estriba en que los parámetros de la decisión son establecidos unilateralmente por el que ha diseñado ese derecho. Y entonces la democracia se convierte en autocracia. Qué se decide y quién lo decide lo decido yo, que también fijo el modo y los tiempos sin discusión. En cuanto al qué, surgen muchas preguntas que deberían responder los que apoyan esa idea: por qué votar la posible independencia en una parte de España en lugar de otra, por qué limitarse a algunas provincias (según se definieron en 1833), o por qué no se vota antes sobre nuestro régimen político como monarquía parlamentaria. En cuanto al quién, la definición del censo que hizo la convocatoria del plebiscito es caprichosa, porque niega la participación de los demás españoles después de una larga convivencia en un mismo Estado, porque acepta el voto desde los 16 años cuando salvo raras excepciones la inmensa mayoría de los países del mundo conceden esa capacidad a los 18 años, y porque impide votar a los catalanes que nacieron en Cataluña y hoy viven en el resto de España.
Por lo que se refiere al modo de la consulta, sorprende que quiera hacerse unilateralmente. Este es un punto de contraste llamativo con el caso escocés. Para que se den garantías democráticas en un plebiscito es preciso que las diversas opciones y consecuencias sean claramente debatidas, y esto no oocurre en Cataluña, donde se ha favorecido una especie de pensamiento único.
El reparto de poderes en España es mayor que el de algunos Estados federales
Los defensores del supuesto derecho a decidir renuncian a cualquier marco legal a la hora de reclamarlo. Aunque la Constitución española no lo reconozca, aunque la Unión Europea tampoco lo ampare, y a pesar de que el derecho internacional no se refiera a esa idea porque solo contempla la libre determinación de los pueblos coloniales, tal derecho existe. Parece que dicha capacidad tuviera un origen divino, como una revelación descendida sobre sus proponentes, que no admiten ningún tipo de debate al respecto. Tanta seguridad recuerda al personaje de Humpty Dumpty en Alicia a través del espejo, cuando decía que las palabras significan justo lo que él quiere que signifiquen.
Al negar un marco político y legal donde fundamentar ese derecho, y al delimitar de manera unilateral su forma de ejecución, los impulsores de la consulta en realidad motivan su causa en los sentimientos. Los catalanes, afirman, tienen derecho a la independencia porque se sienten una nación. A través del sistema educativo y del discurso oficial se ha alimentado un proceso de formación nacional que rechaza la idea de España como Estado plural en el contexto europeo. La única salida válida, se afirma, es la independencia. El problema de este enfoque es que contiene una enorme carga divisoria dentro de la Unión Europea, diseñada precisamente para superar esos instintos de enfrentamiento. El nacionalismo es un viejo concepto del siglo XIX que la integración europea ha ayudado a transformar, y que debemos reinterpretar en el siglo XXI de manera positiva y no excluyente.
La Constitución de 1978 se redactó con la vista puesta en Europa y con la clara intención de solventar problemas históricos que eran un lastre para todos. Hoy sigue teniendo un profundo sentido pacificador y conciliador. Los catalanes la votaron mayoritariamente sabiendo que era un acto constituyente, es decir, el cimiento de una nueva etapa política. La Constitución llegó a una solución transaccional al definir a España como nación, cuya soberanía reside en el pueblo, y al articular al Estado sobre la solidaridad y el reconocimiento de la pluralidad. Sobre ese fundamento, en las últimas tres décadas se ha desarrollado un notable sistema de reparto de poderes, más avanzado que el de algunos Estados federales.
La Constitución puede revisarse, obviamente, pero esto debe hacerse con el consenso de todos teniendo en cuenta el marco de la Unión Europea. Esa reforma debe ser negociada y pactada porque cualquier solución unilateral basada en sentimientos corre el riesgo de romper el orden jurídico y político que ha sido una garantía de paz, convivencia y estabilidad tras un doloroso siglo XX, cargado de odio y fanatismo.
Artur Mas, Puigdemon y sus adláteres azuzan y engrandecen demandas basadas en meros sentimientos
Un último aspecto de la reclamación de soberanía en Cataluña a través de un supuesto derecho a decidir es preocupante. La ruptura unilateral solo podría hacerse a un coste muy alto, esto es, la desmembración de España. A veces se presenta la corriente soberanista como un activismo pacífico y festivo, cuando en realidad muchos otros lo perciben como un separatismo que les produce pena y rechazo. Desde el punto de vista del Estado, Cataluña es un órgano vital para el conjunto de España, y las interacciones con otros órganos vitales han sido muy intensas, lo que hace la separación un asunto existencial. Los catalanes que persiguen ciegamente ese sueño no han comprendido que su hipotética independencia, quizás seguida por la de otras partes de España, supondría una verdadera conmoción tras una etapa reciente llena de intercambios profundos y de convivencia fructífera en un proyecto común.
La historia demuestra que, desgraciadamente, esas conmociones han sido acompañadas muchas veces de guerra y violencia.
Este eufemismo ha sido repetido tantas veces en Cataluña que parece haberse convertido en verdad. Pero el llamado derecho a decidir no existe ni en la práctica internacional, ni en derecho constitucional, ni en el lenguaje político comparado, que encontraría ese término demasiado impreciso: ¿quién decide, qué se decide?
Los inventores de la expresión se refieren a dos ideas de manera implícita: Cataluña es una nación y, en consecuencia, tiene derecho a la autodeterminación. Es una maniobra retórica inteligente que pretende trasladar el debate desde el concepto resbaladizo de nación hacia el terreno más seguro de la democracia. El derecho a decidir no se debe negar, argumentan, porque ¿quién puede atreverse a impedir que la gente elija su destino?
La dificultad estriba en que los parámetros de la decisión son establecidos unilateralmente por el que ha diseñado ese derecho. Y entonces la democracia se convierte en autocracia. Qué se decide y quién lo decide lo decido yo, que también fijo el modo y los tiempos sin discusión. En cuanto al qué, surgen muchas preguntas que deberían responder los que apoyan esa idea: por qué votar la posible independencia en una parte de España en lugar de otra, por qué limitarse a algunas provincias (según se definieron en 1833), o por qué no se vota antes sobre nuestro régimen político como monarquía parlamentaria. En cuanto al quién, la definición del censo que hizo la convocatoria del plebiscito es caprichosa, porque niega la participación de los demás españoles después de una larga convivencia en un mismo Estado, porque acepta el voto desde los 16 años cuando salvo raras excepciones la inmensa mayoría de los países del mundo conceden esa capacidad a los 18 años, y porque impide votar a los catalanes que nacieron en Cataluña y hoy viven en el resto de España.
Por lo que se refiere al modo de la consulta, sorprende que quiera hacerse unilateralmente. Este es un punto de contraste llamativo con el caso escocés. Para que se den garantías democráticas en un plebiscito es preciso que las diversas opciones y consecuencias sean claramente debatidas, y esto no oocurre en Cataluña, donde se ha favorecido una especie de pensamiento único.
El reparto de poderes en España es mayor que el de algunos Estados federales
Los defensores del supuesto derecho a decidir renuncian a cualquier marco legal a la hora de reclamarlo. Aunque la Constitución española no lo reconozca, aunque la Unión Europea tampoco lo ampare, y a pesar de que el derecho internacional no se refiera a esa idea porque solo contempla la libre determinación de los pueblos coloniales, tal derecho existe. Parece que dicha capacidad tuviera un origen divino, como una revelación descendida sobre sus proponentes, que no admiten ningún tipo de debate al respecto. Tanta seguridad recuerda al personaje de Humpty Dumpty en Alicia a través del espejo, cuando decía que las palabras significan justo lo que él quiere que signifiquen.
Al negar un marco político y legal donde fundamentar ese derecho, y al delimitar de manera unilateral su forma de ejecución, los impulsores de la consulta en realidad motivan su causa en los sentimientos. Los catalanes, afirman, tienen derecho a la independencia porque se sienten una nación. A través del sistema educativo y del discurso oficial se ha alimentado un proceso de formación nacional que rechaza la idea de España como Estado plural en el contexto europeo. La única salida válida, se afirma, es la independencia. El problema de este enfoque es que contiene una enorme carga divisoria dentro de la Unión Europea, diseñada precisamente para superar esos instintos de enfrentamiento. El nacionalismo es un viejo concepto del siglo XIX que la integración europea ha ayudado a transformar, y que debemos reinterpretar en el siglo XXI de manera positiva y no excluyente.
La Constitución de 1978 se redactó con la vista puesta en Europa y con la clara intención de solventar problemas históricos que eran un lastre para todos. Hoy sigue teniendo un profundo sentido pacificador y conciliador. Los catalanes la votaron mayoritariamente sabiendo que era un acto constituyente, es decir, el cimiento de una nueva etapa política. La Constitución llegó a una solución transaccional al definir a España como nación, cuya soberanía reside en el pueblo, y al articular al Estado sobre la solidaridad y el reconocimiento de la pluralidad. Sobre ese fundamento, en las últimas tres décadas se ha desarrollado un notable sistema de reparto de poderes, más avanzado que el de algunos Estados federales.
La Constitución puede revisarse, obviamente, pero esto debe hacerse con el consenso de todos teniendo en cuenta el marco de la Unión Europea. Esa reforma debe ser negociada y pactada porque cualquier solución unilateral basada en sentimientos corre el riesgo de romper el orden jurídico y político que ha sido una garantía de paz, convivencia y estabilidad tras un doloroso siglo XX, cargado de odio y fanatismo.
Artur Mas, Puigdemon y sus adláteres azuzan y engrandecen demandas basadas en meros sentimientos
Un último aspecto de la reclamación de soberanía en Cataluña a través de un supuesto derecho a decidir es preocupante. La ruptura unilateral solo podría hacerse a un coste muy alto, esto es, la desmembración de España. A veces se presenta la corriente soberanista como un activismo pacífico y festivo, cuando en realidad muchos otros lo perciben como un separatismo que les produce pena y rechazo. Desde el punto de vista del Estado, Cataluña es un órgano vital para el conjunto de España, y las interacciones con otros órganos vitales han sido muy intensas, lo que hace la separación un asunto existencial. Los catalanes que persiguen ciegamente ese sueño no han comprendido que su hipotética independencia, quizás seguida por la de otras partes de España, supondría una verdadera conmoción tras una etapa reciente llena de intercambios profundos y de convivencia fructífera en un proyecto común.
La historia demuestra que, desgraciadamente, esas conmociones han sido acompañadas muchas veces de guerra y violencia.
martes, 7 de febrero de 2017
Actitud ante el cáncer
Cada vez que se diagnóstica un cáncer en nuestro país. “Tienes que ser fuerte” .”Tienes que luchar”. “Sé valiente”. “No te rindas”.
Pues no señores, no estamos de acuerdo. El cáncer no se trata de luchar, el cáncer se trata de entender qué es lo que no funciona en tu vida.
El cáncer es una enfermedad que en mayor o menor medida, pone el freno de mano a tu vida. Si estás trabajando necesitas cogerte una baja laboral. Te obliga a dejar de hacer las cosas que hacías a diario y pasar a hacer cosas nuevas: hacer ejercicio, cuidar más tu alimentación, dedicarte tiempo a ti mismo, hacer ejercicio, mimarte, organizar tu vida para tener distintas parcelas cubiertas y contar con la ayuda de los seres queridos que te rodean y que pueden echarte una mano, etc.
El cáncer te da tiempo para revisar tu vida y entender qué es lo que no funciona. Para separar el grano de la paja: lo que te hace feliz de lo que no te hace feliz. De ver si estás viviendo en coherencia con tu auténtica forma de ser.
Todos, y cuando digo todos me refiero a todos (no sólo a los pacientes oncológicos si no también el resto de ciudadanos), deberíamos hacer revisión de nuestras vidas al menos una vez al año.
Reflexionar en qué punto estamos, si realmente la vida que llevamos y como la estamos viviendo nos hace feliz. Y si la respuesta es no, plantearnos qué pequeños cambios podemos hacer en nuestro día a día para vivir la vida con mayor plenitud, para acostarnos sintiendo que hemos aprovechado el día, que hemos vivido el día, que hemos sentido a la vida. Que, como dice un amigo mío, hemos vivido cada día a lo ancho.
El cáncer no se trata de ser valientes, ni de luchar, ni de vencer. Porque donde hay valientes hay cobardes, donde hay vencedores hay vencidos, y donde alguien lucha alguien pierde.
El cáncer se trata de amar y permitirse ser amado. De escuchar a nuestro corazón. De recuperar viejas aficiones que nos hacían sentir vivos. De retomar el contacto con personas que aportaban valor a nuestra vida. De volver a sentir, de volver a vivir, de volver a vibrar, de volver a ser felices. ..
Así pues, intentemos ser felices incluso con cáncer
domingo, 29 de enero de 2017
SOLEDAD Y DESOLACIÓN
SOLEDAD Y DESOLACION
Usualmente, confundimos la condición temporal o permanente de soledad con la sensación emocional de desolación. La soledad, desde un punto de vista terapéutico, es la decisión de estar solos para vivir, procesar, digerir e integrar un proceso que estamos viviendo. Incluso, puede ser una decisión permanente de vida, es decir, una forma de estar en el mundo, en compañía propia, más bien que en compañía de otros. Sin embargo, la presión social o conserva cultural, regularmente critica esta decisión de vida por no comprenderla apropiadamente.
Por otro lado, la desolación tiene que ver con una sensación interna de estar desvalidos, sin el amor de otros, con la impresión (usualmente imaginaria) de no ser querido por los demás. Tiene que ver con la sensación de sentirnos secos, incompletos, con una gran falta de cariño; y con la idea de que los seres que están conmigo no me aman, o no lo hacen como deseo que lo hagan. Planteado desde otro punto de vista, tenemos la sensación de que no logramos entrar en comunión con los seres que me acompañan, con aquellos que están conmigo.
Sin embargo, esa sensación de desolación, más que un indicativo de que los demás no me aman, o no lo hacen apropiadamente, de acuerdo a mis expectativas; más bien tiene que ver con un indicativo de que la relación que tengo conmigo está deteriorada, bien sea porque no me respeto mis tiempos, mis necesidades, no me escucho apropiadamente, no me quiero, no me pongo límites apropiados, y termino abusando de mi como ser humano. También puede ser un indicativo que muestra que mi amor propio está menoscabado, pues cuando mi relación con los demás está deteriorada, esto termina hablando de mi relación conmigo mismo.
No estar en comunión con los demás, termina siendo un indicador de que no estoy en comunión conmigo; y lo que reclamo o espero de los demás termina siendo aquello que en primera persona no estoy haciendo en mi vida para sentirme bien. Incluso, si las relaciones que tengo con otros son ciertamente relaciones tóxicas e inapropiadas en mi vida, fui yo quien en algún momento las escogió por alguna necesidad inconsciente.
Muchas veces, este estado de falta de comunión con los demás, y en última instancia, con nosotros mismos, tiene que ver con esa necesidad de mantenernos en un permanente estado de insatisfacción, de ausencia de felicidad, que está sobre todo fundamentado en la cultura del éxito, del tener, del poseer, del lograr; y de la falta de aceptación de nuestra vida tal como está, de lo que estamos transitando. Esto trae como consecuencia una sucesión de aparentes alegrías, cuando las cosas se aproximan a lo que deseo; y de profunda tristeza y desolación, cuando las cosas se alejan de aquello que continuo esperando, en desconexión de lo que realmente está ocurriendo en el mundo exterior.
La propuesta es, entonces, revisar esa sensación de desolación, en primera persona, en mi intimidad, para ver cómo esa soledad existencial que siento en relación con el mundo exterior, está hablando de mi propia soledad interior, de mi propio vacío, de mis propios descuidos conmigo mismo.
Usualmente, confundimos la condición temporal o permanente de soledad con la sensación emocional de desolación. La soledad, desde un punto de vista terapéutico, es la decisión de estar solos para vivir, procesar, digerir e integrar un proceso que estamos viviendo. Incluso, puede ser una decisión permanente de vida, es decir, una forma de estar en el mundo, en compañía propia, más bien que en compañía de otros. Sin embargo, la presión social o conserva cultural, regularmente critica esta decisión de vida por no comprenderla apropiadamente.
Por otro lado, la desolación tiene que ver con una sensación interna de estar desvalidos, sin el amor de otros, con la impresión (usualmente imaginaria) de no ser querido por los demás. Tiene que ver con la sensación de sentirnos secos, incompletos, con una gran falta de cariño; y con la idea de que los seres que están conmigo no me aman, o no lo hacen como deseo que lo hagan. Planteado desde otro punto de vista, tenemos la sensación de que no logramos entrar en comunión con los seres que me acompañan, con aquellos que están conmigo.
Sin embargo, esa sensación de desolación, más que un indicativo de que los demás no me aman, o no lo hacen apropiadamente, de acuerdo a mis expectativas; más bien tiene que ver con un indicativo de que la relación que tengo conmigo está deteriorada, bien sea porque no me respeto mis tiempos, mis necesidades, no me escucho apropiadamente, no me quiero, no me pongo límites apropiados, y termino abusando de mi como ser humano. También puede ser un indicativo que muestra que mi amor propio está menoscabado, pues cuando mi relación con los demás está deteriorada, esto termina hablando de mi relación conmigo mismo.
No estar en comunión con los demás, termina siendo un indicador de que no estoy en comunión conmigo; y lo que reclamo o espero de los demás termina siendo aquello que en primera persona no estoy haciendo en mi vida para sentirme bien. Incluso, si las relaciones que tengo con otros son ciertamente relaciones tóxicas e inapropiadas en mi vida, fui yo quien en algún momento las escogió por alguna necesidad inconsciente.
Muchas veces, este estado de falta de comunión con los demás, y en última instancia, con nosotros mismos, tiene que ver con esa necesidad de mantenernos en un permanente estado de insatisfacción, de ausencia de felicidad, que está sobre todo fundamentado en la cultura del éxito, del tener, del poseer, del lograr; y de la falta de aceptación de nuestra vida tal como está, de lo que estamos transitando. Esto trae como consecuencia una sucesión de aparentes alegrías, cuando las cosas se aproximan a lo que deseo; y de profunda tristeza y desolación, cuando las cosas se alejan de aquello que continuo esperando, en desconexión de lo que realmente está ocurriendo en el mundo exterior.
La propuesta es, entonces, revisar esa sensación de desolación, en primera persona, en mi intimidad, para ver cómo esa soledad existencial que siento en relación con el mundo exterior, está hablando de mi propia soledad interior, de mi propio vacío, de mis propios descuidos conmigo mismo.
jueves, 26 de enero de 2017
LO EVIDENTE
A veces hay que recordar lo EVIDENTE. ¿Porqué unos pocos consiguen tal impacto en la PERCEPCIÓN de todos?.
Es sencillo. Han averiguado que la gente no analiza los datos reales, sino que solo lee los titulares de los blogs afines y se los cree si concuerdan con sus ideas previas.
Ello lleva a una espiral de convencimiento no cuestionado que los enroca ideológicamente.
Esta esclerosis en el juicio objetivo conlleva una superioridad moral basada en la emotividad y en el sentimiento ficticio de que "todo el mundo lo sabe".
Conformar un micro universo de adeptos que sistemáticamente rechazan a todo su entorno disidente y al discurso que adoptan, se retro alimenta en una endogamia intelectual.
Es un fenómeno bien conocido y estudiado en antropología social y psicobiología.
Llegado un punto, los partidarios se cierran visceralmente a toda información contraria, por veraz y nueva que sea, y la perciben como un ataque personal a ellos. Actúan como una prolongación de su líder, identificándose con él más allá de sus propios intereses como votante y ciudadano.
Estos fenómenos florecen siempre en un clima de crisis, como toda creencia mesiánica. El impulso social de los primates nos aboca a la pertenencia a grupos, máxime en gente joven que ha abandonado muchos vínculos tradicionales como la religión, la autoridad, la política y la ética social heredada.
Por eso estos movimientos se esfuerzan en conceptos fáciles de vender, como que lo "nuevo" es mejor que lo "viejo", que todo "cambio" no puede ser a peor, o que los mayores de 40 años son personas obsoletas.
De este modo, el voto de un chaval de 18 años desmotivado, anula el de un experimentado adulto al que ya han engañado muchas veces y que es más difícil de convencer.
Toda virtud es convertida en privilegio. Si estudiaste es porque tus padres eran ricos, si trabajaste es porque tu entorno te promocionó de forma corrupta. Los méritos son losas, las carencias significan que eres un desheredado y mereces una compensación. Ellos te la van a regalar... ¡Porque lo mereces!, ¿a quién no le gusta oír esto?
Leyendo historia, estos movimientos de masas enfadadas se encuentran una y otra vez, siempre justo antes de un desastre económico que marca decenios de atraso en esas sociedades.
La idea falsa de que todos los "ricos" son malvados, y por tanto, si uno es "pobre" es porque es buena persona, lleva de inmediato al deseo subconsciente de que van a "repartir" y que algo nos tocará. Es tan infantil y medieval como todo pensamiento prefabricado.
No importa la verdad, sino la apariencia.
El biólogo Frans de Waal lo explica perfectamente en su magnífico libro La Política de los Chimpancés, que os recomiendo.
Ninguna sociedad primate avanza despreciando y relegando a sus individuos experimentados. Somos primates.
Por eso me esfuerzo en explicar y en poner un CON delante del VENCER.
Contemplar el bien común en clave de confrontación es la peor de las estrategias sociales, porque a la postre, ganamos o perdemos todos.
Una sociedad no puede presumir de igualitaria mientras apoya una lucha de machos alfa de libro. Ninguna mujer debería sustentar esta pelea. La que estaba, ha sido expulsada injustamente.
No van a repartir nada, porque los que puedan invertir, simplemente se irán a hacerlo a otro país donde la experiencia y las instituciones sean respetadas.
Es sencillo. Han averiguado que la gente no analiza los datos reales, sino que solo lee los titulares de los blogs afines y se los cree si concuerdan con sus ideas previas.
Ello lleva a una espiral de convencimiento no cuestionado que los enroca ideológicamente.
Esta esclerosis en el juicio objetivo conlleva una superioridad moral basada en la emotividad y en el sentimiento ficticio de que "todo el mundo lo sabe".
Conformar un micro universo de adeptos que sistemáticamente rechazan a todo su entorno disidente y al discurso que adoptan, se retro alimenta en una endogamia intelectual.
Es un fenómeno bien conocido y estudiado en antropología social y psicobiología.
Llegado un punto, los partidarios se cierran visceralmente a toda información contraria, por veraz y nueva que sea, y la perciben como un ataque personal a ellos. Actúan como una prolongación de su líder, identificándose con él más allá de sus propios intereses como votante y ciudadano.
Estos fenómenos florecen siempre en un clima de crisis, como toda creencia mesiánica. El impulso social de los primates nos aboca a la pertenencia a grupos, máxime en gente joven que ha abandonado muchos vínculos tradicionales como la religión, la autoridad, la política y la ética social heredada.
Por eso estos movimientos se esfuerzan en conceptos fáciles de vender, como que lo "nuevo" es mejor que lo "viejo", que todo "cambio" no puede ser a peor, o que los mayores de 40 años son personas obsoletas.
De este modo, el voto de un chaval de 18 años desmotivado, anula el de un experimentado adulto al que ya han engañado muchas veces y que es más difícil de convencer.
Toda virtud es convertida en privilegio. Si estudiaste es porque tus padres eran ricos, si trabajaste es porque tu entorno te promocionó de forma corrupta. Los méritos son losas, las carencias significan que eres un desheredado y mereces una compensación. Ellos te la van a regalar... ¡Porque lo mereces!, ¿a quién no le gusta oír esto?
Leyendo historia, estos movimientos de masas enfadadas se encuentran una y otra vez, siempre justo antes de un desastre económico que marca decenios de atraso en esas sociedades.
La idea falsa de que todos los "ricos" son malvados, y por tanto, si uno es "pobre" es porque es buena persona, lleva de inmediato al deseo subconsciente de que van a "repartir" y que algo nos tocará. Es tan infantil y medieval como todo pensamiento prefabricado.
No importa la verdad, sino la apariencia.
El biólogo Frans de Waal lo explica perfectamente en su magnífico libro La Política de los Chimpancés, que os recomiendo.
Ninguna sociedad primate avanza despreciando y relegando a sus individuos experimentados. Somos primates.
Por eso me esfuerzo en explicar y en poner un CON delante del VENCER.
Contemplar el bien común en clave de confrontación es la peor de las estrategias sociales, porque a la postre, ganamos o perdemos todos.
Una sociedad no puede presumir de igualitaria mientras apoya una lucha de machos alfa de libro. Ninguna mujer debería sustentar esta pelea. La que estaba, ha sido expulsada injustamente.
No van a repartir nada, porque los que puedan invertir, simplemente se irán a hacerlo a otro país donde la experiencia y las instituciones sean respetadas.
lunes, 2 de enero de 2017
ASÍ DEBERÍA SER
Luchamos o nos rendim
Luchamos o nos rendimos
El tiempo lo podemos clasificar en dos sentidos, en las horas del reloj, que siempre serán las mismas, las doce de hoy serán las mismas que las doce de mañana, pero las circunstancias del tiempo no serán las mismas por cuanto el tiempo sí que transcurre. Actualmente, la sociedad, no ya la española, sino podemos decir la mundial, está en un estado de nerviosismo generalizado, pero como los problemas cuando se notan es cuando se sienten sobre uno mismo los que a nosotros nos preocupa son los que nos atañen directamente.
Que se han vivido situaciones más extremas que las actuales no es punto de discusión, que estas circunstancias actuales se superarán y quedarán en el olvido, seguramente, pero ello lo comparo con una operación quirúrgica, posiblemente la dificultad no estribe en la cirugía realizada, sino en las secuelas de la rehabilitación. No obstante debemos comenzar a ser conscientes de nuestra realidad actual y de la futura, de nuestra propia responsabilidad, y que el futuro lo tenemos que comenzar a plasmar desde nuestro propio esfuerzo.
Enjuiciemos, analicemos y calibremos lo positivo y lo negativo de las actuaciones de nuestros representantes políticos, indaguemos en la conducta y profesionalidad de los mismos, seamos críticos con las actuaciones de nuestros partidos políticos y en las próximas elecciones nuestra decisión tiene ser realizadora de un cambio que posibilite el ascenso a los puestos dirigentes de verdaderos gestores de nuestro futuro político, económico y social. Se ha pasado el tiempo en que los españoles éramos bisoños en la práctica democrática, no podemos escudarnos en ello, la responsabilidad del futuro de nuestra nación también recae en nosotros, el camino nos lo pueden mostrar, pero somos nosotros los que tenemos que erradicar del camino aquellas piedras que lo entorpecen. No podemos darnos por vencidos, debemos comenzar una verdadera lucha para que la estabilidad económica, social y política vuelva a nuestra querida España, desde la cooperación, la sensatez, el esfuerzo del trabajo, y la conciencia del bien de todas nuestras regiones sin exclusiones ni agravios.
Pero para ello, como generalmente es preciso, se necesitan líderes que sean poseedores de la confianza del pueblo, líderes que actúen con claridad, honestidad y entrega, líderes que antepongan a intereses ocultos el verdadero interés por el cual han ascendido al mando, el interés por el pueblo, y con el verdadero valor de realizar las decisiones sin temor, siempre que de ellas se proyecte el beneficio general.
La problemática más generalizada es la falta de empleo. El trabajo es la fuente de la riqueza y de la estabilidad del individuo, cualquier ciudadano entre los valores que le son característicos, incluiría primero la salud y luego el trabajo. Como ciudadano ilicitano, soy conocedor de una de las grandes virtudes que siempre hemos alardeado, el espíritu emprendedor del ilicitano, y de los que no siendo de raiz ilicitana están impregnados de la misma ilusión de emprendedor y empresario. No comparto declaraciones políticas que basan la creación de empleo en la administración, volveríamos a lo que en ningún momento actual apoyamos, a un incremento del empleo público, es la empresa privada la que tiene que fomentar la creación de nueva industria.
Estamos atravesando una peculiar situación política en nuestro país, y duele observar que nuestros futuros representantes políticos, a pesar de sus incesantes declaraciones en cuanto al beneficio del pueblo español, éstas se traslucen más en declaraciones demagógicas que en un verdadero deseo.
Precisamos de nuevas directrices y de direcciones objetivas, de verdaderos trabajadores políticos y no de figuras de exposición mediática, confiemos pues que aquellos que nos representen están obligados a actuar con lealtad y dedicación al ciudadano que cedió su voto, y que al mismo tiempo sean conscientes de que a pesar de las diferentes ideas políticas de cada uno de los ciudadanos hay un deseo generalizado, la paz, el trabajo y el bienestar social.
Luchamos o nos rendimos
El tiempo lo podemos clasificar en dos sentidos, en las horas del reloj, que siempre serán las mismas, las doce de hoy serán las mismas que las doce de mañana, pero las circunstancias del tiempo no serán las mismas por cuanto el tiempo sí que transcurre. Actualmente, la sociedad, no ya la española, sino podemos decir la mundial, está en un estado de nerviosismo generalizado, pero como los problemas cuando se notan es cuando se sienten sobre uno mismo los que a nosotros nos preocupa son los que nos atañen directamente.
Que se han vivido situaciones más extremas que las actuales no es punto de discusión, que estas circunstancias actuales se superarán y quedarán en el olvido, seguramente, pero ello lo comparo con una operación quirúrgica, posiblemente la dificultad no estribe en la cirugía realizada, sino en las secuelas de la rehabilitación. No obstante debemos comenzar a ser conscientes de nuestra realidad actual y de la futura, de nuestra propia responsabilidad, y que el futuro lo tenemos que comenzar a plasmar desde nuestro propio esfuerzo.
Enjuiciemos, analicemos y calibremos lo positivo y lo negativo de las actuaciones de nuestros representantes políticos, indaguemos en la conducta y profesionalidad de los mismos, seamos críticos con las actuaciones de nuestros partidos políticos y en las próximas elecciones nuestra decisión tiene ser realizadora de un cambio que posibilite el ascenso a los puestos dirigentes de verdaderos gestores de nuestro futuro político, económico y social. Se ha pasado el tiempo en que los españoles éramos bisoños en la práctica democrática, no podemos escudarnos en ello, la responsabilidad del futuro de nuestra nación también recae en nosotros, el camino nos lo pueden mostrar, pero somos nosotros los que tenemos que erradicar del camino aquellas piedras que lo entorpecen. No podemos darnos por vencidos, debemos comenzar una verdadera lucha para que la estabilidad económica, social y política vuelva a nuestra querida España, desde la cooperación, la sensatez, el esfuerzo del trabajo, y la conciencia del bien de todas nuestras regiones sin exclusiones ni agravios.
Pero para ello, como generalmente es preciso, se necesitan líderes que sean poseedores de la confianza del pueblo, líderes que actúen con claridad, honestidad y entrega, líderes que antepongan a intereses ocultos el verdadero interés por el cual han ascendido al mando, el interés por el pueblo, y con el verdadero valor de realizar las decisiones sin temor, siempre que de ellas se proyecte el beneficio general.
La problemática más generalizada es la falta de empleo. El trabajo es la fuente de la riqueza y de la estabilidad del individuo, cualquier ciudadano entre los valores que le son característicos, incluiría primero la salud y luego el trabajo. Como ciudadano ilicitano, soy conocedor de una de las grandes virtudes que siempre hemos alardeado, el espíritu emprendedor del ilicitano, y de los que no siendo de raiz ilicitana están impregnados de la misma ilusión de emprendedor y empresario. No comparto declaraciones políticas que basan la creación de empleo en la administración, volveríamos a lo que en ningún momento actual apoyamos, a un incremento del empleo público, es la empresa privada la que tiene que fomentar la creación de nueva industria.
Estamos atravesando una peculiar situación política en nuestro país, y duele observar que nuestros futuros representantes políticos, a pesar de sus incesantes declaraciones en cuanto al beneficio del pueblo español, éstas se traslucen más en declaraciones demagógicas que en un verdadero deseo.
Precisamos de nuevas directrices y de direcciones objetivas, de verdaderos trabajadores políticos y no de figuras de exposición mediática, confiemos pues que aquellos que nos representen están obligados a actuar con lealtad y dedicación al ciudadano que cedió su voto, y que al mismo tiempo sean conscientes de que a pesar de las diferentes ideas políticas de cada uno de los ciudadanos hay un deseo generalizado, la paz, el trabajo y el bienestar social.
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